Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
La ciudad, mi ciudad tiene cicatrices en el pavimento,
tiene caníbales en los pasos peatonales,
tiene humedales que son venenosas avenidas hinchadas
como heridas mal cuidadas,
algunos traen sus odiosas notarias al centro de las plazas,
invadiendo juegos de niños,
lugares sagrados son las librerías.
Mi ciudad se viste y se desviste de noche por sus encantos.
Hay sonidos de arpas en las terrazas, hay maceteros vacíos,
y escasa tierra donde poder aterrizar.
Si se mira bien, con binoculares desde el piso quinto,
mi vecina tiene sexo con sus manos inolvidables,
en el aire flotan abanicos que espantan palomas,
semáforos de luces bajas, música en las esquina de violines
marchitados,
hay limosna, envidia, pobreza y un letargo del porte
de un edificio abandonado en mi ciudad.
tiene caníbales en los pasos peatonales,
tiene humedales que son venenosas avenidas hinchadas
como heridas mal cuidadas,
algunos traen sus odiosas notarias al centro de las plazas,
invadiendo juegos de niños,
lugares sagrados son las librerías.
Mi ciudad se viste y se desviste de noche por sus encantos.
Hay sonidos de arpas en las terrazas, hay maceteros vacíos,
y escasa tierra donde poder aterrizar.
Si se mira bien, con binoculares desde el piso quinto,
mi vecina tiene sexo con sus manos inolvidables,
en el aire flotan abanicos que espantan palomas,
semáforos de luces bajas, música en las esquina de violines
marchitados,
hay limosna, envidia, pobreza y un letargo del porte
de un edificio abandonado en mi ciudad.