emiled
Poeta adicto al portal
La ciudad muerta (en las fosas del alma)
I-
En la gran plaza un ave solloza a los blancos cipreses,
deja su adiós en la arboleda pintando de azul el otoño,
rompe el albor su canto despertando a las musas;
pero la hierba es gris, como el cemento de las tumbas.
El pavimento palidece con el frescor de las tardes,
y me sofoco de lluvias, me hundo en las fuentes;
pinto de estío el invierno porque el alba ha muerto,
junto a mi sueño de ave que en grises alas languidece.
En los grandes pórticos y muros de los campanarios
desciende el rocío en brumas de una mañana muerta;
y escucho las bocinas y el ruido tranquilo del viento,
el Bóreas solemne como el silencio en los funerales.
Los senderos de tierra también están helados,
como mi alma, que pálida el sepulcro espera;
esos caminos que hallo en mis noches desoladas,
donde se hacen polvo mis huesos, mis mares de alcohol.
II-
Veo grandes luces al costado del frío sendero,
grandes lumbres que coronan de azul los campos;
pero los lirios lagrimean a la luna de algodón,
y observan su reflejo en las antípodas del cielo gris.
Grandes torres alzan también el mármol del paisaje,
y corro a atrapar burbujas que semejan cometas;
pero el fuego derrite mi piel en los vasos de tierra
de la avenida, sólo me queda acompañar a las flores.
También el mar adorna el velo de esta negra pintura,
de aguas sin sal, de impasibles muchedumbres.
Verdes navíos pasan con el soplo de las tardes,
y mueren, despidiendo el albor de las frías mañanas.
Grises columnas de humo se elevan en los panteones,
nieva y llueve en la oscura noche de mayo;
un lebrel aúlla sobre el imponente ventanal azul
de mi hogar tintineando muerte en los jardines.
III-
Sigo mi incierto camino a la tumba del ensueño,
como un cadáver que anhela luz en su gran fosa;
quizás en el camino crezcan claveles multicolores
en el seno de Cibeles, mi triste musa de otoño.
Quizás descienda la luna hoy a mi entierro,
o el sol, cuando renazca como un clavel en la tierra;
quizás abras mi ataúd cuando regale un verso,
como un astro que en lo alto su última luz vierte.
¡Oh ciudad! ¿Es para mí que preparan esas fosas?
Diré así al alba que no fueron vanas mis letras;
Que las tallé en mis piedras con la belleza del alma,
que inmortales fueron mis soplos bajo la fría lluvia.
Mas ahora duermo en los muros de la ciudad muerta,
y por las noches recuerdo al amor enterrado;
¡Oh ciudad! Me entrego en llantos a tus tumbas,
bajo el rojo de tus tardes, de la sombra de tus noches.
E.R.D
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:: ... Me identifica y es bello, motivo suficiente para sentirlo propio, claro, con tu respectiva firma... ::
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