LA CIUDAD QUE ESPERA
Cuando decae el ritmo de la danza
y los latidos del tiempo se hacen de plomo
cuando el goteo de aquel grifo mal cerrado
es el ritmo acelerado de tus horas
Cuando alguien a medianoche
interrupmpe tus sueños de poeta
reclamando ese papel amarillento
que te sirve de alcancía o basamento
entonces, oh hombre,
has de reemprender tu marcha
hacia la ciudad que te espera
Se adelgazan los latidos y los relojes culminan
su destejer madrugadas
relojes que tanto han disfrutado
marcando los tiempos rojos de las manzanas doradas
Llegan ahora los de las doncellas
acuiferas vestales que entregan sus líquidas ofrendas
a los dioses que despiertan
en sus madrugadas malvas
Llegan tiempos de suplicios
de trenes abarrotados con restos de fuentes rotas
con relojes a los que se les agotó la arena
con dromedarios y solícitas palomas
Ya corre el sol que tortura a los lagartos leprosos
por la avenida adelante tras la joven oficinista
tras los tranvías alocados
que rodean los mármoles incestuosos
Y es la ciudad de milagros
que reclama su lugar en el sueño
que acumula junto a semáforos ciegos
los diarios de la noche llenos de esquelas de muertos
En la llanura insomne
bajo la luna preñada por los ruegos de amantes torpes
cantan su canción sin música
los juglares del desierto
Sobrevuelan la ciudad en su silencio
falenas que no encontraron un fuego donde inmolarse
mujeres con bellas caídas de ojos
desde su piso tercero que es el de las lascivias
Y la lluvia que ilumina los gastados pavimentos
y reanima con sus gotas los relojes agotados
es el tiempo del regreso a la mortaja irisada
que aún abraza los cuerpos cálidos del amor que allí se ardió.
Ilus.: Max Ernst. “The entire city” 1935
Cuando decae el ritmo de la danza
y los latidos del tiempo se hacen de plomo
cuando el goteo de aquel grifo mal cerrado
es el ritmo acelerado de tus horas
Cuando alguien a medianoche
interrupmpe tus sueños de poeta
reclamando ese papel amarillento
que te sirve de alcancía o basamento
entonces, oh hombre,
has de reemprender tu marcha
hacia la ciudad que te espera
Se adelgazan los latidos y los relojes culminan
su destejer madrugadas
relojes que tanto han disfrutado
marcando los tiempos rojos de las manzanas doradas
Llegan ahora los de las doncellas
acuiferas vestales que entregan sus líquidas ofrendas
a los dioses que despiertan
en sus madrugadas malvas
Llegan tiempos de suplicios
de trenes abarrotados con restos de fuentes rotas
con relojes a los que se les agotó la arena
con dromedarios y solícitas palomas
Ya corre el sol que tortura a los lagartos leprosos
por la avenida adelante tras la joven oficinista
tras los tranvías alocados
que rodean los mármoles incestuosos
Y es la ciudad de milagros
que reclama su lugar en el sueño
que acumula junto a semáforos ciegos
los diarios de la noche llenos de esquelas de muertos
En la llanura insomne
bajo la luna preñada por los ruegos de amantes torpes
cantan su canción sin música
los juglares del desierto
Sobrevuelan la ciudad en su silencio
falenas que no encontraron un fuego donde inmolarse
mujeres con bellas caídas de ojos
desde su piso tercero que es el de las lascivias
Y la lluvia que ilumina los gastados pavimentos
y reanima con sus gotas los relojes agotados
es el tiempo del regreso a la mortaja irisada
que aún abraza los cuerpos cálidos del amor que allí se ardió.
Ilus.: Max Ernst. “The entire city” 1935