La colita

Felipe Antonio Santorelli

Poeta que considera el portal su segunda casa
Ruleteando por la calle con mi carro verde agua
me bacilo este paisaje de catiras y morenas
me disfruto el panorama de mulatas y de negras
ruleteando por las calles de Caracas dominguera.

Esta noche caraqueña una jeva bien bonita
coquetea con mi carro y me pide la colita.
Y enseguida toca y toca y no deja de tocar
jurungandome el tablero, la guantera y el pedal.

-No jurungues mi carrito que se pone veraneado
no te quejes si lueguito te jurunga de otro lado.-

-No te entiendo corazón, ¿qué me dices vida mía?
-El letrero en la guantera te lo explica sin tapujos-:

"no se aceptan vírgenes, si usted lo es podemos solucionarlo"
 
Ruleteando por la calle con mi carro verde agua
me bacilo este paisaje de catiras y morenas
me disfruto el panorama de mulatas y de negras
ruleteando por las calles de Caracas dominguera.

Esta noche caraqueña una jeva bien bonita
coquetea con mi carro y me pide la colita.
Y enseguida toca y toca y no deja de tocar
jurungandome el tablero, la guantera y el pedal.

-No jurungues mi carrito que se pone veraneado
no te quejes si lueguito te jurunga de otro lado.-

-No te entiendo corazón, ¿qué me dices vida mía?
-El letrero en la guantera te lo explica sin tapujos-:

"no se aceptan vírgenes, si usted lo es podemos solucionarlo"


Es lo que tienen en común la calle y la poesía, hay de todo y para todos...

Saludos!

Palmira
 

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