La mujer lo miraba sin ningún disimulo. Él bajaba la cabeza tímidamente. “¿Acaso le gusto?”, se decía. Era uno de esos bares que no se olvidan por tener algunas (su caso) o varias aventurillas. Dudaba de lo guapo que era. Era inseguro por naturaleza. “Oye guapo porque no conversamos”, dijo la colombiana. Él sorprendido contesto: "Por que no”, evidenciando su timidez. Pidieron unos tragos y conversaron largamente. Ella aparentaba tener dominio de la situación. Era la que más hablaba. Era la cazadora cazando a cazador. Le besó varias veces ardorosa y apasionadamente. La colombiana lo sacó del bar para ir a un hotel. Hicieron el amor hasta el cansancio. Y la cazadora dijo: “Seré mujer pero no tonta, el cazador cazado está:¡Viva la liberación femenina!”. Y se fue del hotel con ínfulas de victoria, temprano por la mañana. Mientras el cazado reposaba tiernamente dormido como un niño en las sábanas del hotel.