Camina a mi costado, sin cadenas,
ni sombras que en mi andar causen espanto;
no pide más que un gesto, nunca un canto,
y espera sin urgir, sin odas llenas.
No tiene prisa, aunque la vida estrena,
ni busca gloria, luto, pompa o manto;
tan solo observa, libre de quebranto,
las horas que desgastan en la arena.
Me dice, con su voz de terciopelo:
—“No temas, solo soy quien te recuerda
que todo cuanto amas vuela al cielo,
que el tiempo es mar y no una roca cuerda.
Mas vive. Cada instante es tu desvelo,
y cada risa, el ala que te acuerda.”
ni sombras que en mi andar causen espanto;
no pide más que un gesto, nunca un canto,
y espera sin urgir, sin odas llenas.
No tiene prisa, aunque la vida estrena,
ni busca gloria, luto, pompa o manto;
tan solo observa, libre de quebranto,
las horas que desgastan en la arena.
Me dice, con su voz de terciopelo:
—“No temas, solo soy quien te recuerda
que todo cuanto amas vuela al cielo,
que el tiempo es mar y no una roca cuerda.
Mas vive. Cada instante es tu desvelo,
y cada risa, el ala que te acuerda.”
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