Solaribus
Poeta veterano en el portal
Hoy voy a escribirle a la constancia de tus ojos,
tus ojos que me miran expectantes,
traslúcidos, temerosos.
Voy a escribirle a la sospecha que guardas
acerca de todas las formas de mi alma.
Usaré en este intento, por cierto temerario,
por tinta, la tinta de mis siglos
y una antigua ternura de melodía blanca.
Dispersaré renglones hechos con las horas
de quietud confiada y de soltada esperanza;
y si me equivoco, para borrar, usaré nubes,
nubes de mágica lluvia clara.
Todo en concordancia con tu mirada diáfana
y con esos pájaros profundos y azules...y verdes y naranjas
que son las mariposas de tus ganas.
Y como un canto sereno de violetas silvestres
entonaré mi sangre, para ti, de madrugada.
Hoy voy a escribirle a tu piel de perlas y coral amalgamadas
e irreverente y risueño, entre mi noche y tu almohada,
con crayones de estrellas,
dibujaré sonrisas en tus manos perfumadas.
Una a una hilvanaré tus ansias
para hacerte un collar de besos húmedos
y una manta de caricias taurinas y apretadas.
Tendré presente tus temores,
tu soledad de finas hebras
y tu cadencia de mujer ensimismada,
como una guía que me ayude a penetrar
la infinita tibieza de tus sábanas.
Y estas velas mortecinas que ahora apenas alumbran la casa,
destilarán su humo, como una huida de abejas,
para amarte en la penumbra que te gane la confianza.
Y alumbrarán tu boca y tu vientre,
las cortinas, tu ventana y esta etérea manera de desearte
entre el lucero y la mañana.
Y la fuerza de este cósmico árbol que planta
su raíz en la angustia
y hacia el universo extiende sus ramas,
será testigo del desmayo, del solsticio de los cuerpos,
y la paciencia de esperar, exhaustos, el alba.