Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
la constelación Cygnus restaurada
...creo verte volar por sobre el hemisferio norte,
gusano y gardenia, padre y cisne azabache, hacedor de los jardines,
creo verte con la altiva Deneb en tu frente.
Empero, algo trasciende a tus cálculos varón guerrero, terror de los filisteos;
al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas
y la voz del Cairo y el natrón fueron anegados
¿Un dios guerrero es verdaderamente un dios misericordiosos
o se semeja más a un ángel desterrado?
El Mar Rojo se cubrió de mortajas y el aprendizaje, contrario a Skinner,
aporreó el rostro endeble del querubín.
Ahora temo al mirar hacia el cielo, temo que tu cetro enramado de hiedra y parra
esté apuntando al sibilino Cygnus X-1;
intuyo serpientes de fuego y nube y el cinturón de gruesa hebilla colgado sobre la cómoda.
como Cicno, me sumerjo cada noche de silencio y esperanza azul
en el río Erídano para buscar al nuevo Faetón,
y ya siento las enanas coruscante compañeras de las nuevas simbologías de un nuevo dios.
Allá arriba medito,
¿será todo una ilusión, seremos carne y cera bajo la librea
inconsútil de la ilustre representación?
Tempestivamente las enanas comienzan a girar como brujas de relámpagos
dentro de la bóveda sórdida, y los que aún son mis hermanos,
atisban mi cuerpo bajo el bronce de sus ópticas.
Les hablo, los intento acariciar; estamos condenados a la libertad,
y ellos, insurrectos, relamen sus picas impacientes como aves del Estínfalo.
Toco el cascabel.
Yo te perdono, Cruz de los marineros, artificita del edén,
un dios falso necesita de la clemencia de su acólitos,
yo te perdono, Cygnus, para que estés restaurada,
para que podamos volver a nacer, pero así, solo, me gobierna el tedio
y sólo la pena del marinero en su barcaza bajo la luz nefelibata
de la constelación en alta mar, anhelante, láctica,
podría llegarme a entender.
¡Agua, soles pálidos de hueso, ubres del maná, quiero mi hogar, una madre amante en las médulas y el hipotálamo, no un padre riguroso y ancestral!
-quiero reclamar mi verdadera identidad.
Cygnus, yo te perdono, para que estés restaurada.
El príncipe prueba el zapatito en el pie de Cenicienta, que encaja, para consternación de su madrastra y hermanastras.
...creo verte volar por sobre el hemisferio norte,
gusano y gardenia, padre y cisne azabache, hacedor de los jardines,
creo verte con la altiva Deneb en tu frente.
Empero, algo trasciende a tus cálculos varón guerrero, terror de los filisteos;
al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas
y la voz del Cairo y el natrón fueron anegados
¿Un dios guerrero es verdaderamente un dios misericordiosos
o se semeja más a un ángel desterrado?
El Mar Rojo se cubrió de mortajas y el aprendizaje, contrario a Skinner,
aporreó el rostro endeble del querubín.
Ahora temo al mirar hacia el cielo, temo que tu cetro enramado de hiedra y parra
esté apuntando al sibilino Cygnus X-1;
intuyo serpientes de fuego y nube y el cinturón de gruesa hebilla colgado sobre la cómoda.
como Cicno, me sumerjo cada noche de silencio y esperanza azul
en el río Erídano para buscar al nuevo Faetón,
y ya siento las enanas coruscante compañeras de las nuevas simbologías de un nuevo dios.
Allá arriba medito,
¿será todo una ilusión, seremos carne y cera bajo la librea
inconsútil de la ilustre representación?
Tempestivamente las enanas comienzan a girar como brujas de relámpagos
dentro de la bóveda sórdida, y los que aún son mis hermanos,
atisban mi cuerpo bajo el bronce de sus ópticas.
Les hablo, los intento acariciar; estamos condenados a la libertad,
y ellos, insurrectos, relamen sus picas impacientes como aves del Estínfalo.
Toco el cascabel.
Yo te perdono, Cruz de los marineros, artificita del edén,
un dios falso necesita de la clemencia de su acólitos,
yo te perdono, Cygnus, para que estés restaurada,
para que podamos volver a nacer, pero así, solo, me gobierna el tedio
y sólo la pena del marinero en su barcaza bajo la luz nefelibata
de la constelación en alta mar, anhelante, láctica,
podría llegarme a entender.
¡Agua, soles pálidos de hueso, ubres del maná, quiero mi hogar, una madre amante en las médulas y el hipotálamo, no un padre riguroso y ancestral!
-quiero reclamar mi verdadera identidad.
Cygnus, yo te perdono, para que estés restaurada.
El príncipe prueba el zapatito en el pie de Cenicienta, que encaja, para consternación de su madrastra y hermanastras.