En mi mente chirrían las poleas
de la grúa herrumbrosa de lo incierto
y golpea su gancho en el desierto
de mi pecho asfixiado de correas.
Las olas chocan contra mis bateas
y silba el viento oscuro su concierto,
y cada vez son más en este puerto
los pecios de tristeza que fondeas.
Crepitan los silencios en lo hondo
de este fondo sin fondo de ceniza.
Hace tiempo que el tiempo no es redondo,
es un interrogante que agoniza;
sé la respuesta pero no respondo...
y mi ser al abismo se desliza.
Hola, Andreas. Tu título nos envía directamente al octavo verso de este soneto, que resulta clave para entender la que a mi criterio es su «metáfora global», la que al identificar la tristeza con los pecios y ponerte como puerto de ellos, destinatario de esa única mención de una segunda persona en el «fondeas». Amo los puertos, y en ellos especialmente esas dársenas silenciosas donde barcos ya abandonados recuerdan con tristeza pasadas singladuras. Eres, entonces, puerto de esos pecios de tristeza, y eres también pecio según nos indica el último verso y nos sugiere el primer cuarteto al verte envuelto en correas. El fondo de cenizas que mencionas en el primer terceto nos dice que estos pecios guardan el recuerdo de pasados fuegos...
Hasta aquí, lo que yo veo como un hermoso entrelazado de metáforas relacionadas con el pecio del título. Pero hay antes del cierre otra nueva, esta de «hace tiempo que el tiempo no es redondo», que me arriesgaré a interpretar: cuando somos jóvenes, los días parecen ciclos, nos levantamos como nuevos cada mañana, y esta ciclicidad o redondez del tiempo nos hace la vida infinita por delante; a cierta edad eso deja de ser así, el tiempo es una flecha de ida apuntando hacia la muerte, respuesta que eludes pronunciar, siguiendo tu trayectoria de pecio hacia el fondo...
Bueno, tú dirás cuánto acierto y cuánto erro en estas elucubraciones, pero estoy seguro de que un buen poema es gatillo de imágenes, y el tuyo lo es en sumo grado. Hermoso soneto.
un gran abrazo
Jorge
Hola Jorge:
Pues mira, compañero. En la primera lectura que hice del soneto fui muy consciente de lo oscuro que iba a resultar para quien lo leyera, al derivar estos versos de un soliloquio con imágenes que surgieron sobre la marcha. Especialmente críptico sería precisamente ese octavo verso que indicas, con ese «fondeas» que descoloca. Diste en el clavo.
En este caso, aunque no soy muy partidario de ello, como me gustó el resultado procuré facilitar la interpretación al lector con la ayuda de un título explicativo, encabezado por «LA CRISIS», colocando en un segundo nivel «PECIOS DE TRISTEZA». Con estos dos niveles trataba de que se identificase a los pecios de tristeza como víctimas de la crisis.
El tema sería la tristeza en primera persona causada en estos tiempos de crisis y miseria generalizada.
El puerto como lugar de partida… pero como cementerio y abandono de los que sencillamente no tuvieron las fuerzas suficientes para despojarse del marasmo que les inoculaba el miedo causado por un mañana incierto, que llegó, y nunca atravesaron su bocana en busca de una nueva suerte, quedando como manto de ceniza en el fondo.
Sería la crisis quien fondea los pecios de tristeza, en el puerto – cementerio.
Me encanta tu análisis del
tiempo redondo. Cuánta razón en tu reflexión.
Mi intención fue la de expresar que, entonces, el tiempo fue redondo, como su geometría sin aristas, límpido de trazo, aludiendo a la ausencia de problemas. Redondo como la esfera de un reloj. Ahora el tiempo requiere una respuesta, y rápido, y toma forma de interrogante; como si el contorno circular del reloj se hubiera partido y doblado en forma de interrogante caduco. Pero a veces flaquean las fuerzas y uno prefiere no afrontar la respuesta, aun y cuando ello implique avanzar hacia el abismo.
Un abrazo, Jorge, y muchas gracias por tu tiempo y tus enseñanzas.
Andreas