Besada por un toque del sol, la bella isleña baila su camino entre los ordinarios.
Su imagen suavizando el vidriado de ojos aficionados, que fallaban por capturar la totalidad de presencia que rellenaba un salón y corazón.
Entre pasos los congelados rendían homenaje a la hechicera de la hipnosis. Sus caderas balanceaban cautivamente todo lo que la rodeaba.
Su cabello era ondulado, con el dulce aroma de aceite perfumado de la fruta de una palmera.
Sus ojos conmovedores eran de color café, rico y suave para ser bebido despacio. Su risa es reconfortante elegancia y calidez.
Ella es una sirena para muchos de ascendencia paradisiaca, el arco iris que lleva a reinos de otra existencia.
Su imagen suavizando el vidriado de ojos aficionados, que fallaban por capturar la totalidad de presencia que rellenaba un salón y corazón.
Entre pasos los congelados rendían homenaje a la hechicera de la hipnosis. Sus caderas balanceaban cautivamente todo lo que la rodeaba.
Su cabello era ondulado, con el dulce aroma de aceite perfumado de la fruta de una palmera.
Sus ojos conmovedores eran de color café, rico y suave para ser bebido despacio. Su risa es reconfortante elegancia y calidez.
Ella es una sirena para muchos de ascendencia paradisiaca, el arco iris que lleva a reinos de otra existencia.