evy pineda
Poeta recién llegado
He despertado en mi mundo oscuro y tétrico de nuevo,
las paredes heladas del inconsciente me acompanan hoy;
sus manos muertas me cogen de la mano,
para decirme que estan ansiosas de que vuelva a unirme a su celo.
Vientos gélidos en mi aliento retorcido me hielan el alma,
los rostros de los caídos en mis recuerdos;
asoman su entenebrecidos semblantes,
en las cavernas de mi abandonada calma,
Miro al norte, en mis alturas... en la cima de mis anhelos,
y excavo entre nubes grises un soplo de luz,
mis ojos ven el revolotear de alas negras chamuscadas,
de aquel que tortura de noche a mi alma en una cruz.
Sola y desnuda entre mil recuerdos que pálidos mueren en silencio,
veo a mis hadas sangrantes que yacen en el suelo necesitando el vuelo;
son mis gemidos paralizantes los que las adhieren al suelo;
la negra noche impide su vuelo suave, dulce y alegre a los vientos.
Entra la sombra de mi carcelero y su olor le sigue como lamento,
mira el reflejo de mis ojos con luz de muerte;
el cual me dice que ha llegado certero.
Me acurruco lejos... muy lejos de sus tristes largos dedos,
y acojo mi ser mientras poso mi cabeza en el pálido suelo.
Cierro mis ojos y el silencio entre los dos me dice que no se detendrá su celo,
que cuando caiga la noche en esta cueva negra,
habré entendido que las sonrisas rosa y los anhelos,
visitan la casa del recuerdo solo en sueños.
las paredes heladas del inconsciente me acompanan hoy;
sus manos muertas me cogen de la mano,
para decirme que estan ansiosas de que vuelva a unirme a su celo.
Vientos gélidos en mi aliento retorcido me hielan el alma,
los rostros de los caídos en mis recuerdos;
asoman su entenebrecidos semblantes,
en las cavernas de mi abandonada calma,
Miro al norte, en mis alturas... en la cima de mis anhelos,
y excavo entre nubes grises un soplo de luz,
mis ojos ven el revolotear de alas negras chamuscadas,
de aquel que tortura de noche a mi alma en una cruz.
Sola y desnuda entre mil recuerdos que pálidos mueren en silencio,
veo a mis hadas sangrantes que yacen en el suelo necesitando el vuelo;
son mis gemidos paralizantes los que las adhieren al suelo;
la negra noche impide su vuelo suave, dulce y alegre a los vientos.
Entra la sombra de mi carcelero y su olor le sigue como lamento,
mira el reflejo de mis ojos con luz de muerte;
el cual me dice que ha llegado certero.
Me acurruco lejos... muy lejos de sus tristes largos dedos,
y acojo mi ser mientras poso mi cabeza en el pálido suelo.
Cierro mis ojos y el silencio entre los dos me dice que no se detendrá su celo,
que cuando caiga la noche en esta cueva negra,
habré entendido que las sonrisas rosa y los anhelos,
visitan la casa del recuerdo solo en sueños.