spring
Sonriendo...
La culpa es tuya al detenerme en un verso
revelándome esos arrumacos tibios que esperaban ser alentados.
La culpa es por la persistencia, por el arrebato intempestivo
donde retrucaste mi esencia en las paredes de un poema.
Culpo a lo romántico del farolito de la fuente,
a lo usual y tedioso del diamante amarillo
a la dosis noctívaga de la perla sonriente.
Culpo, ¡Sí, culpo!
A la impulsiva voluntad
de encalarte en mis torrentes.
…Culpo…
A mi dócil aldea por dejarse colonizar
y eternizarse cada vez que quieras llegar.
Culpo a los vacíos
que necesitan ser llenados y acuden entreversos,
sigilosos … serenos
para no despertar los silencios.
¡Quien esté libre de culpa que lance su primer verso!