guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Las alas eran de seda,
(sus alas)
El viento de fuego,
La caída era un velo con pena,
El sueño; un juego de dos
Los algarrobos están secos,
Algo marchita el pasto
Y el cielo es gris como un manto
La campiña ya no canta
La gloria de un reino,
La gente ya no anda descalza
Porque el vidrio del mañana
Los amenaza con armas de miedo
Los caminos se ocultan
Bajo el lodo marrón coagulado,
Hace un tiempo fue sangre rala,
Hace tanto desde que ha mutado
El alma
Los viejos no hablan, callan,
Tiemblan sus manos,
Recuerdan como se rompió su espada,
Recuerdan y lloran arrodillados,
La recuerdan
Ella entró al pueblo,
Sin ropa, sin frío,
Entró y dejó
Que en ella entraran con gozo
Seducía sin temor,
De rey a guardián,
Sin color ni amor,
Besaba hasta niñas sin vida
Jugaba con los labios,
Algunas veces mordía
Para calmar su sed rabiosa
Con el maná de la gloria
Las colas contorneaban las calles,
Era placer gratuito,
Era un ángel de cristo
Con pubis de demonio fino
Y todos desean estancar sus males
En su vientre en solemne rito
Uno a uno la lamió,
La tocó,
Uno a uno vio luz cuando gimió,
Ninguno pregunto por su dolor
Cuando todos los oriundos,
Curiosos y extranjeros
Saciaron su sexo
La dejaron para caer sumidos
En un sueño marcado
Por el recuerdo somnífero
Al despertar fueron por su olor,
Por otro toque de carne,
Ya nada podía saciar su libido calor,
Ni sus parejas con sonrisa al amanecer
Al llegar no la encontraron,
Solo vieron un cuadro macabro,
Horror, espanto, traición, pecado,
Caos, coro y un gemido lejano,
Su gemido embalsamado
Todas la damas fueron asesinadas,
Cortes numerosos,
Vientres abiertos, decapitadas,
Senos en los suelos,
Un rojo río pintaba la mañana
Ninguna mujer se acercaba al pueblo,
Ningún hombre salió del mismo,
Se perdieron en el tiempo,
En la pena, en su error,
En la traición
Ninguno volvió ha estar erecto,
Ninguno sintió deseo,
Todos murieron en vivido añejo
Flagelo
La dama de los infieles
(sus alas)
El viento de fuego,
La caída era un velo con pena,
El sueño; un juego de dos
Los algarrobos están secos,
Algo marchita el pasto
Y el cielo es gris como un manto
La campiña ya no canta
La gloria de un reino,
La gente ya no anda descalza
Porque el vidrio del mañana
Los amenaza con armas de miedo
Los caminos se ocultan
Bajo el lodo marrón coagulado,
Hace un tiempo fue sangre rala,
Hace tanto desde que ha mutado
El alma
Los viejos no hablan, callan,
Tiemblan sus manos,
Recuerdan como se rompió su espada,
Recuerdan y lloran arrodillados,
La recuerdan
Ella entró al pueblo,
Sin ropa, sin frío,
Entró y dejó
Que en ella entraran con gozo
Seducía sin temor,
De rey a guardián,
Sin color ni amor,
Besaba hasta niñas sin vida
Jugaba con los labios,
Algunas veces mordía
Para calmar su sed rabiosa
Con el maná de la gloria
Las colas contorneaban las calles,
Era placer gratuito,
Era un ángel de cristo
Con pubis de demonio fino
Y todos desean estancar sus males
En su vientre en solemne rito
Uno a uno la lamió,
La tocó,
Uno a uno vio luz cuando gimió,
Ninguno pregunto por su dolor
Cuando todos los oriundos,
Curiosos y extranjeros
Saciaron su sexo
La dejaron para caer sumidos
En un sueño marcado
Por el recuerdo somnífero
Al despertar fueron por su olor,
Por otro toque de carne,
Ya nada podía saciar su libido calor,
Ni sus parejas con sonrisa al amanecer
Al llegar no la encontraron,
Solo vieron un cuadro macabro,
Horror, espanto, traición, pecado,
Caos, coro y un gemido lejano,
Su gemido embalsamado
Todas la damas fueron asesinadas,
Cortes numerosos,
Vientres abiertos, decapitadas,
Senos en los suelos,
Un rojo río pintaba la mañana
Ninguna mujer se acercaba al pueblo,
Ningún hombre salió del mismo,
Se perdieron en el tiempo,
En la pena, en su error,
En la traición
Ninguno volvió ha estar erecto,
Ninguno sintió deseo,
Todos murieron en vivido añejo
Flagelo
La dama de los infieles
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