stregoica
Poeta recién llegado
En la noche me perdí, tan tranquila parecía,
con túnica de tela, negra en su veneno,
muy hermosa en su penumbra, seductora y tranquila,
con sus pies anclados a una travesía,
a oscuridad de velas y cuadros sepia,
tan amable me miraba con ojos de arpía,
ángel cabrío, musa de rincones,
tan serena...tan bonita.
Entonces caminaba por su velo,
quemada en angustia abrace su seno,
arañe el pasado y golpee al futuro,
enojada y sola me quede con ella,
tomando de su vino, fumando sus estrellas,
corría desnuda a la muerte y a la vida,
volé en sus estados, mengue con la luna,
baile con los esclavos de su mirada segura,
convertí mi cuerpo en sonaja de alegría,
de esa que no es cierta...es burda mentira.
Con la música bebía en festín de fantasmas,
sola con las miradas me alejaba del día,
con las manos heladas y las piernas de nadie,
me incendie en las llamas de la locura incierta.
Los rayos del sol se subieron a mi cuerpo,
comieron los restos de esa dama infame,
me despertaron los zumbidos de una noche eterna,
para vivir el día un oscuro ocaso,
y esperar nuevamente que esa dama bella,
me hipnotice con su olvido, de licor y sangre.
con túnica de tela, negra en su veneno,
muy hermosa en su penumbra, seductora y tranquila,
con sus pies anclados a una travesía,
a oscuridad de velas y cuadros sepia,
tan amable me miraba con ojos de arpía,
ángel cabrío, musa de rincones,
tan serena...tan bonita.
Entonces caminaba por su velo,
quemada en angustia abrace su seno,
arañe el pasado y golpee al futuro,
enojada y sola me quede con ella,
tomando de su vino, fumando sus estrellas,
corría desnuda a la muerte y a la vida,
volé en sus estados, mengue con la luna,
baile con los esclavos de su mirada segura,
convertí mi cuerpo en sonaja de alegría,
de esa que no es cierta...es burda mentira.
Con la música bebía en festín de fantasmas,
sola con las miradas me alejaba del día,
con las manos heladas y las piernas de nadie,
me incendie en las llamas de la locura incierta.
Los rayos del sol se subieron a mi cuerpo,
comieron los restos de esa dama infame,
me despertaron los zumbidos de una noche eterna,
para vivir el día un oscuro ocaso,
y esperar nuevamente que esa dama bella,
me hipnotice con su olvido, de licor y sangre.