duf9991
Poeta adicto al portal
Los arlequines bailan a lo lejos
en torno giran en la fogata
en éste día incambiable
de verano.
Me como el sol a besos
o a mordiscos.
Pronto negro se torna.
El pasto crece sobre mí
ahoga mi garganta intentando respirar.
Me convierto yo mismo en el payaso
que algún día sin comer al sol temí.
Bailan los zapatos sobre su cabeza
y aún así no me hace sonreír.
A lo lejos el dragón que no es amigo
sonríe sin sonreír con sus dientes
de castillos encantados, me seduce.
Mas no veo a la princesa
en su vestido de atardecer
que atada por ovejas asesinas
baila en la estrella del cielo
de un diente del dragón rojiazul.
O tal vez es verde, verde en vez de rojo,
no de azul, por supuesto,
que el azul es el payaso
al que le bailan los zapatos.
Mi cama entera titila
sin estar en mi habitación
llora lágrimas pútridas
de madera, tristes
o felices. El payaso suelta
los cordones de sus zapatos
sin cordones
y con ellos calla la cama
bailando sobre ella.
Siguen volando aquellos
salados arlequines, mas ahora sus alas
son de mantequilla
y en este día veraniego
convertido en negro
se derriten.
Yo ya casi lo he devorado todo
casi es de noche
siendo de día
sin ser eclipse.
Y las nubes qué importan
pero ahí están azucaradas,
enmeladas listas para el plato,
sonrientes sin bocas.
Y a cae la noche,
y te amé
en mi sueño
surreal.
en torno giran en la fogata
en éste día incambiable
de verano.
Me como el sol a besos
o a mordiscos.
Pronto negro se torna.
El pasto crece sobre mí
ahoga mi garganta intentando respirar.
Me convierto yo mismo en el payaso
que algún día sin comer al sol temí.
Bailan los zapatos sobre su cabeza
y aún así no me hace sonreír.
A lo lejos el dragón que no es amigo
sonríe sin sonreír con sus dientes
de castillos encantados, me seduce.
Mas no veo a la princesa
en su vestido de atardecer
que atada por ovejas asesinas
baila en la estrella del cielo
de un diente del dragón rojiazul.
O tal vez es verde, verde en vez de rojo,
no de azul, por supuesto,
que el azul es el payaso
al que le bailan los zapatos.
Mi cama entera titila
sin estar en mi habitación
llora lágrimas pútridas
de madera, tristes
o felices. El payaso suelta
los cordones de sus zapatos
sin cordones
y con ellos calla la cama
bailando sobre ella.
Siguen volando aquellos
salados arlequines, mas ahora sus alas
son de mantequilla
y en este día veraniego
convertido en negro
se derriten.
Yo ya casi lo he devorado todo
casi es de noche
siendo de día
sin ser eclipse.
Y las nubes qué importan
pero ahí están azucaradas,
enmeladas listas para el plato,
sonrientes sin bocas.
Y a cae la noche,
y te amé
en mi sueño
surreal.