Los rascacielos de la gran urbe aguijonean el firmamento encapotado por el humo pernicioso que desprenden aquellas grandes fábricas de carbón.La humanidad,sin inmutarse por el cambio climático,se divierte en las bagatelas crapulosas del brandy con hielo:dentro de esos obscuros antros donde entran tarados marroquies para vender su sangre impura con toda clase de codiciosas pulseras de falso oro.¡Hasta cuándo vendrá el sano juicio que nos haga cambiar,y dejemos la cháchara banal y obsoleta sobre la judaica barbarie de una política que sólo sabe enfermar a los pobres!.Pero no entramos en razón,y con soberbias caladas de tabaco caro nos reímos de nuestros malos chistes,mientras mueren miserables niños sin padre ni madre a las afueras de los hospicios;a reventar de sonámbulos muertos vivientes que apenas sufragan sus gastos con las míseras y viles pensiones que el hipócrita estado arroja como si se tratase de un plato mugriento de lentejas.
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