José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
Junto a la abierta ventana
la vida pasa tejiendo
aquella rústica aldeana;
pues todas las tardes, yendo
de mi labor a la casa
por la vereda que pasa
a un lado de su jacal,
la veo y se me queda viendo
con su mirada abismal.
La gente del pueblo cuenta
que así se pasa la vida,
con la cara cenicienta,
con la mirada perdida,
en las piernas el bordado
y con la aguja tejiendo,
esperando y presintiendo
el regreso del amado.
Todos saben quien es él:
un don nadie, un majadero,
quien prometió serle fiel,
cumplir como un caballero,
y apenas ella flaqueó
y le entregó su tesoro,
el infeliz, sin decoro
ni vergüenza, se largó.
¡Pobrecita, pobrecita!
Cuando la veo en su balcón
siempre triste y tan solita,
se me parte el corazón.
Y pienso: ¿cuántas habrá
como ella? Al confín mirando,
con esperanza esperando
al que nunca volverá...
la vida pasa tejiendo
aquella rústica aldeana;
pues todas las tardes, yendo
de mi labor a la casa
por la vereda que pasa
a un lado de su jacal,
la veo y se me queda viendo
con su mirada abismal.
La gente del pueblo cuenta
que así se pasa la vida,
con la cara cenicienta,
con la mirada perdida,
en las piernas el bordado
y con la aguja tejiendo,
esperando y presintiendo
el regreso del amado.
Todos saben quien es él:
un don nadie, un majadero,
quien prometió serle fiel,
cumplir como un caballero,
y apenas ella flaqueó
y le entregó su tesoro,
el infeliz, sin decoro
ni vergüenza, se largó.
¡Pobrecita, pobrecita!
Cuando la veo en su balcón
siempre triste y tan solita,
se me parte el corazón.
Y pienso: ¿cuántas habrá
como ella? Al confín mirando,
con esperanza esperando
al que nunca volverá...