Solverde82
El dinero no se puede comer
Os voy a contar un cuento
que algunos agradará
y a otros no tanto.
Erase una vez una reina
llamada democracia
que un día sin más
pidió que le hicieran
un vestido a su medida.
Todos los neoliberales acudieron
con mil leyes invisibles la vistieron
ella se miró al espejo
y al verse desnuda se quedó perpleja
pero no dijo absolutamente nada
pues solo los tontos no podían verlo
aquél invisible vestido nuevo.
Así durante largo tiempo
la democracia paseó desnuda
por todas las estancias
de noche y de día.
Mientras tanto nadie se atrevía
ni si quiera a advertirla
que en realidad iba desnuda,
por miedo a dar la nota altisonante
por miedo a ser el discordante,
toda la corte afirmaba
que su majestad llevaba
el vestido más hermoso
que jamás creó ningún sastre.
Un día decidió que su pueblo
debía observar aquél vestido tan bello
y salió a la calle a pasear
por todas las calles y plazas
nadie se atrevió a decirla nada
hasta que una dulce niña
llamada Acracia gritó:
¡¡La democracia va desnuda!!
La reina entonces se miró
y en realidad descubrió la verdad
había sido engañada
por el capital
pero el orgullo le pudo
y con gran valor
con la cabeza alta el desfile terminó.
que algunos agradará
y a otros no tanto.
Erase una vez una reina
llamada democracia
que un día sin más
pidió que le hicieran
un vestido a su medida.
Todos los neoliberales acudieron
con mil leyes invisibles la vistieron
ella se miró al espejo
y al verse desnuda se quedó perpleja
pero no dijo absolutamente nada
pues solo los tontos no podían verlo
aquél invisible vestido nuevo.
Así durante largo tiempo
la democracia paseó desnuda
por todas las estancias
de noche y de día.
Mientras tanto nadie se atrevía
ni si quiera a advertirla
que en realidad iba desnuda,
por miedo a dar la nota altisonante
por miedo a ser el discordante,
toda la corte afirmaba
que su majestad llevaba
el vestido más hermoso
que jamás creó ningún sastre.
Un día decidió que su pueblo
debía observar aquél vestido tan bello
y salió a la calle a pasear
por todas las calles y plazas
nadie se atrevió a decirla nada
hasta que una dulce niña
llamada Acracia gritó:
¡¡La democracia va desnuda!!
La reina entonces se miró
y en realidad descubrió la verdad
había sido engañada
por el capital
pero el orgullo le pudo
y con gran valor
con la cabeza alta el desfile terminó.