Elik0575
Poeta que considera el portal su segunda casa
Agradezco el que me hayas dado tu amor
cuando fuiste amanecer,
cuando todo parecía terminarse
en mi innegable y futura tristeza,
cuando dejé de creer
e hiciste que creyera.
Agradezco el que me hayas amado,
y de todas las razones existentes
por alguna, no sé cual,
te fijaras en mí.
¡Gracias!
Porque aquel día de odio
fue nada más tu voz
la que me consoló
y tu pecho y tus brazos
me sostuvieron para no caer.
Agradezco tanto por decidir amarme,
por mirar más allá de lo azul de mis ojos
y notar que también
tengo alma.
Agradezco las flores en el jarrón todos los días,
esas que perfumaron nuestra mesa
y muchas veces
nuestra cama.
¡Gracias!
Porque fuiste total entrega
y porque llevaste durante nueve interminables meses
el amor que feliz te hiciera.
Agradezco las sonrisas y las caricias,
cómplices de toda la intimidad
y conexión que nos unía.
De hecho,
podíamos pensar lo mismo sin hablar
y en unísono actuar.
Agradezco las setecientas fotos
que se llenaron con nuestras imágenes
y los millones de poesía
que a mi corazón inspiraste,
mismo que hoy reposan
en desván del mundo entero
sólo por amarte.
¡Gracias!
y nuevamente
¡Gracias!
Yo también algún día
cerraré mis ojos,
y si estás ya en la inmensidad
dame la dicha
de encontrarte.
cuando fuiste amanecer,
cuando todo parecía terminarse
en mi innegable y futura tristeza,
cuando dejé de creer
e hiciste que creyera.
Agradezco el que me hayas amado,
y de todas las razones existentes
por alguna, no sé cual,
te fijaras en mí.
¡Gracias!
Porque aquel día de odio
fue nada más tu voz
la que me consoló
y tu pecho y tus brazos
me sostuvieron para no caer.
Agradezco tanto por decidir amarme,
por mirar más allá de lo azul de mis ojos
y notar que también
tengo alma.
Agradezco las flores en el jarrón todos los días,
esas que perfumaron nuestra mesa
y muchas veces
nuestra cama.
¡Gracias!
Porque fuiste total entrega
y porque llevaste durante nueve interminables meses
el amor que feliz te hiciera.
Agradezco las sonrisas y las caricias,
cómplices de toda la intimidad
y conexión que nos unía.
De hecho,
podíamos pensar lo mismo sin hablar
y en unísono actuar.
Agradezco las setecientas fotos
que se llenaron con nuestras imágenes
y los millones de poesía
que a mi corazón inspiraste,
mismo que hoy reposan
en desván del mundo entero
sólo por amarte.
¡Gracias!
y nuevamente
¡Gracias!
Yo también algún día
cerraré mis ojos,
y si estás ya en la inmensidad
dame la dicha
de encontrarte.