PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Sus ojos de niña se colgaron de aquel muchachito que recién entraba al salón de clases, no lo había visto antes y poco después se enteró por su profesora que había pedido su transferencia a esta ciudad.
Las bancas en ese entonces eran ocupadas por dos pupilos y como ella se sentaba sola, decidieron cederle ese lugar, fue entonces cuando la pequeña niña de escasos 8 años percibió por primera vez el aroma del amor.
Todos los días Enrique antes de clase le mostraba los hermosos dibujos que él hacía en un cuaderno de papel marquilla, ella abría sus enormes ojos y devoraba cada línea, cada espacio claro, cada espacio oscuro, se imaginaba en los paisajes que aquel muchacho le regalaba día con día.
Habían hecho planes para entrar antes del recreo y entonces Enrique le ensañaría como dibujar, ella aprendió a hacerlo gracias a él. Estaba anonadada por la habilidad e imaginación que desprendía.
La niña, empezó a soñar y a pensar constantemente en aquel niño que le había robado por primera vez el amor de su tierno corazón, dormía deseando la noche se hiciera cortita para volverlo a ver y cuando corría con desesperación por la escaleras hacia el aula, su ansiedad se calmaba al ser recibida por la sonrisa más deseada.
Fue entonces y gracias a esa sonrisa que la niña empezó a escribir, sus versitos acompasados llenaban el vacío de la ausencia, su gran imaginación y fantasía la vestían de princesa y se soñaba en los brazos de aquel mozuelo que con sus manos dibujaba sus sueños.
La pequeña soltaba a bocajarro poemas y cuentos que salían de su corazón a borbotones y ella a cambio de sus líneas mágicas, le entregaba su palabra escrita con gotas de su alma.
Caminaban por el patio de la mano y crearon un mundo aparte un mundo de fantasía.
Las bancas en ese entonces eran ocupadas por dos pupilos y como ella se sentaba sola, decidieron cederle ese lugar, fue entonces cuando la pequeña niña de escasos 8 años percibió por primera vez el aroma del amor.
Todos los días Enrique antes de clase le mostraba los hermosos dibujos que él hacía en un cuaderno de papel marquilla, ella abría sus enormes ojos y devoraba cada línea, cada espacio claro, cada espacio oscuro, se imaginaba en los paisajes que aquel muchacho le regalaba día con día.
Habían hecho planes para entrar antes del recreo y entonces Enrique le ensañaría como dibujar, ella aprendió a hacerlo gracias a él. Estaba anonadada por la habilidad e imaginación que desprendía.
La niña, empezó a soñar y a pensar constantemente en aquel niño que le había robado por primera vez el amor de su tierno corazón, dormía deseando la noche se hiciera cortita para volverlo a ver y cuando corría con desesperación por la escaleras hacia el aula, su ansiedad se calmaba al ser recibida por la sonrisa más deseada.
Fue entonces y gracias a esa sonrisa que la niña empezó a escribir, sus versitos acompasados llenaban el vacío de la ausencia, su gran imaginación y fantasía la vestían de princesa y se soñaba en los brazos de aquel mozuelo que con sus manos dibujaba sus sueños.
La pequeña soltaba a bocajarro poemas y cuentos que salían de su corazón a borbotones y ella a cambio de sus líneas mágicas, le entregaba su palabra escrita con gotas de su alma.
Caminaban por el patio de la mano y crearon un mundo aparte un mundo de fantasía.