Ya va llegando en verano, los calores aprietan
y es ahora, al quitarnos ropa,
cuando queremos mejorar la silueta,
miramos nuestros dobleces
conseguidos a base de jamón y buenas chuletas,
nos medimos la cintura,
y comparamos con las larguiruchas de pasarela,
es ahí donde empieza, el calvario de la dieta,
antes de comenzar el odiado tormento,
preguntamos a nuestra pareja ¿me ves gorda cariño?
a lo que el con retranca contesta
¡ Noo! .. solo te falta grasa en la cabeza,
rollizas y cabreadas,
empezamos el régimen de la galleta,
media por la mañana, un te, y de fruta dos piezas,
miramos a medio día con más hambre que carpanta,
los manjares, que hemos preparado
para que los otros llenen la panza,
en nuestra bandeja, flota como por arte de magia
un escuálido filete, con más hierba que sustancia,
al llegar la noche el estómago, se pone en danza,
y ruge como un león en la selva africana,
en el plato la consabida lechuga, limpia de polvo y paja,
miramos con envidia al pariente, que,
sin darlo importancia, da buena cuenta
de un codero bien guisado, con guisantes y patatas
observamos, embelesadas, al amor de nuestra vida
con su color rosado y aquella tripita .
Volviendo a nuestro prado, atacamos sin prisa,
el estupendo bocado, pensando con una sonrisa,
que todo es poco para lucir este verano,
como una auténtica mona lisa.
y es ahora, al quitarnos ropa,
cuando queremos mejorar la silueta,
miramos nuestros dobleces
conseguidos a base de jamón y buenas chuletas,
nos medimos la cintura,
y comparamos con las larguiruchas de pasarela,
es ahí donde empieza, el calvario de la dieta,
antes de comenzar el odiado tormento,
preguntamos a nuestra pareja ¿me ves gorda cariño?
a lo que el con retranca contesta
¡ Noo! .. solo te falta grasa en la cabeza,
rollizas y cabreadas,
empezamos el régimen de la galleta,
media por la mañana, un te, y de fruta dos piezas,
miramos a medio día con más hambre que carpanta,
los manjares, que hemos preparado
para que los otros llenen la panza,
en nuestra bandeja, flota como por arte de magia
un escuálido filete, con más hierba que sustancia,
al llegar la noche el estómago, se pone en danza,
y ruge como un león en la selva africana,
en el plato la consabida lechuga, limpia de polvo y paja,
miramos con envidia al pariente, que,
sin darlo importancia, da buena cuenta
de un codero bien guisado, con guisantes y patatas
observamos, embelesadas, al amor de nuestra vida
con su color rosado y aquella tripita .
Volviendo a nuestro prado, atacamos sin prisa,
el estupendo bocado, pensando con una sonrisa,
que todo es poco para lucir este verano,
como una auténtica mona lisa.
:: . Un placer