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La discoteca, Raquel y el frío

penabad57

Poeta veterano en el portal
Tus abecedarios como un lenguaje que muere en los espejos.

Desde mi atril líquido, desde el perdido eje de la veleta,
junto al rumor de las voces que fingen ser voz,
a la hora dálmata del silencio cuando los colibrís trinan
y la huida es una alforja vieja que ya no guarda calor,
al salir al frío de los carámbanos como estatuas de enero,
desvestido de la palabra, en los ojos un parche de astucia
- dónde estás, Raquel, no me dejes ahora-
con dos cálices de cristal arrojados al ayer del humo;
regreso con el sudor en las sienes y la palabra más dulce en los bolsillos
-la discoteca, sin cortinas ni ángeles, rótulos de neón,
hormigas que visten satén rojo y carmín,
flujos de mar en su alfil más profundo-.

Hablo del eco de la música y el diálogo amable de los caídos,
hablo de unas medias ágiles que recorren un sueño.

A veces en la nuca de los tímidos crece un arroyo,
un beso sin nombre, una metáfora de alas blancas que no vuela.
 
Última edición:
Tus abecedarios como un lenguaje que muere en los espejos.

Desde mi atril líquido, desde el perdido eje de la veleta,
junto al rumor de las voces que fingen ser voz,
a la hora dálmata del silencio cuando los colibrís trinan
y la huida es una alforja vieja que ya no guarda calor,
al salir al frío de los carámbanos como estatuas de enero,
desvestido de la palabra, en los ojos un parche de astucia
- dónde estás, Raquel, no me dejes ahora-
con dos cálices de cristal arrojados al ayer del humo;
regreso con el sudor en las sienes y la palabra más dulce en los bolsillos
-la discoteca, sin cortinas ni ángeles, rótulos de neón,
hormigas que visten satén rojo y carmín,
flujos de mar en su alfil más profundo-.

Hablo del eco de la música y el diálogo amable de los caídos,
hablo de unas medias ágiles que recorren un sueño.

A veces en la nuca de los tímidos crece un arroyo,
un beso sin nombre, una metáfora de alas blancas que no vuela.


Creo que tenés la capacidad de transformar memorias en arte y describir situaciones a través de un filtro que las convierte en ensoñaciones que da gusto leer.
Y te felicito por tu premio. Me alegra cuando gana el talento de verdad.
Un abrazo y mi admiración.
 
Tus abecedarios como un lenguaje que muere en los espejos.

Desde mi atril líquido, desde el perdido eje de la veleta,
junto al rumor de las voces que fingen ser voz,
a la hora dálmata del silencio cuando los colibrís trinan
y la huida es una alforja vieja que ya no guarda calor,
al salir al frío de los carámbanos como estatuas de enero,
desvestido de la palabra, en los ojos un parche de astucia
- dónde estás, Raquel, no me dejes ahora-
con dos cálices de cristal arrojados al ayer del humo;
regreso con el sudor en las sienes y la palabra más dulce en los bolsillos
-la discoteca, sin cortinas ni ángeles, rótulos de neón,
hormigas que visten satén rojo y carmín,
flujos de mar en su alfil más profundo-.

Hablo del eco de la música y el diálogo amable de los caídos,
hablo de unas medias ágiles que recorren un sueño.

A veces en la nuca de los tímidos crece un arroyo,
un beso sin nombre, una metáfora de alas blancas que no vuela.

Muy original. Besos.
 
Tus abecedarios como un lenguaje que muere en los espejos.

Desde mi atril líquido, desde el perdido eje de la veleta,
junto al rumor de las voces que fingen ser voz,
a la hora dálmata del silencio cuando los colibrís trinan
y la huida es una alforja vieja que ya no guarda calor,
al salir al frío de los carámbanos como estatuas de enero,
desvestido de la palabra, en los ojos un parche de astucia
- dónde estás, Raquel, no me dejes ahora-
con dos cálices de cristal arrojados al ayer del humo;
regreso con el sudor en las sienes y la palabra más dulce en los bolsillos
-la discoteca, sin cortinas ni ángeles, rótulos de neón,
hormigas que visten satén rojo y carmín,
flujos de mar en su alfil más profundo-.

Hablo del eco de la música y el diálogo amable de los caídos,
hablo de unas medias ágiles que recorren un sueño.

A veces en la nuca de los tímidos crece un arroyo,
un beso sin nombre, una metáfora de alas blancas que no vuela.
Esa necesidad de que los pequeños momentos sean pendulo para decubrir
que las formas en una marea de disociacion nos alejan. mientras las presencia
de Raquel sigue siendo brisa y espacio ruletado en un universo por contemplar.
me ha gustado mucho. felicidades por la obra y saludos de luzyabsenta
 
Esa necesidad de que los pequeños momentos sean pendulo para decubrir
que las formas en una marea de disociacion nos alejan. mientras las presencia
de Raquel sigue siendo brisa y espacio ruletado en un universo por contemplar.
me ha gustado mucho. felicidades por la obra y saludos de luzyabsenta
Gracias, LUZYABSENTA, por leer y por el amable comentario. Un abrazo.
 
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