Sommbras
Poeta adicto al portal
.
La ducha
.
Avanza el reloj y me da pereza ducharme. En el cristal mi rostro indiferente una mirada impasible me devuelve. No sé si es hora de trazarme, soy el perro vagabundo que fiel aguarda la hora del mendrugo o la pedrada sin la rosada levedad que da el deseo.
El cuarto de baño está igual, pero ella se ha ido y todo está seco. Habítame en la ducha, asómate, dime una palabra, levántame la saudade del olvido, transfórmate en hoja que al polvo vuelve, abisal penetra en mí, volvamos a ser como espejo ustorio.
En la mesa el folio escrito. En el cuento rompe el candado la muchacha y vuelve suplicante. ¿Y tú, en qué calle, en qué labios tus pasos? Cuando la ducha abre su nido, el tiempo hincha el silencio. Los ruegos, siempre los ruegos. Palabras, ducha, ruegos, traicionan, pero mejor ducharme, aunque las lágrimas no sepan llover, suplica mejor el llanto.
…
..
.
Mi cuerpo al sacrificio,
a la ducha.
Agua.
Mi cuerpo:
el quejido de los escorpiones.
Agua,
de arriba hacia abajo,
de la catabasis hacia ella,
agua,
hacia un lado-hacia un lado de mi cuerpo,
agua temblando a través del vidrio,
inclinándose lacrimosa,
cascada suena,
campanitas,
banderas,
capillas,
ruedas dentadas,
y si miro hacia arriba,
allí está ella,
riendo
su cabeza ladeada,
la cinta de su pelo,
mientras sigo mojándome,
entrando y saliendo de corales,
mis piernas como cucharas,
la sed
de la que amas.
No, no, impronta del beso,
la magia musical,
el ritmo del agua,
sabio yo desde la ducha,
la campana de mi ombligo,
soy una acuarela
lavable,
un hombre brutalmente desnudo,
no un mono ni un neutro,
cazar las estrellas,
el chorro de leche
que cae al mar,
desde el hambre,
desde mis ansias,
manteniendo una mujer,
como todos lo hacen,
nutriendo la vida
seremos adeptos de la nada...
no puede ser,
no es posible,
me quito la piel,
oigo pasos,
tambor mi corazón,
pasos…
tiemblo,
temblar a partir de ahora...
...
..
.
Chus Soriano
.
La ducha
.
Avanza el reloj y me da pereza ducharme. En el cristal mi rostro indiferente una mirada impasible me devuelve. No sé si es hora de trazarme, soy el perro vagabundo que fiel aguarda la hora del mendrugo o la pedrada sin la rosada levedad que da el deseo.
El cuarto de baño está igual, pero ella se ha ido y todo está seco. Habítame en la ducha, asómate, dime una palabra, levántame la saudade del olvido, transfórmate en hoja que al polvo vuelve, abisal penetra en mí, volvamos a ser como espejo ustorio.
En la mesa el folio escrito. En el cuento rompe el candado la muchacha y vuelve suplicante. ¿Y tú, en qué calle, en qué labios tus pasos? Cuando la ducha abre su nido, el tiempo hincha el silencio. Los ruegos, siempre los ruegos. Palabras, ducha, ruegos, traicionan, pero mejor ducharme, aunque las lágrimas no sepan llover, suplica mejor el llanto.
…
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Mi cuerpo al sacrificio,
a la ducha.
Agua.
Mi cuerpo:
el quejido de los escorpiones.
Agua,
de arriba hacia abajo,
de la catabasis hacia ella,
agua,
hacia un lado-hacia un lado de mi cuerpo,
agua temblando a través del vidrio,
inclinándose lacrimosa,
cascada suena,
campanitas,
banderas,
capillas,
ruedas dentadas,
y si miro hacia arriba,
allí está ella,
riendo
su cabeza ladeada,
la cinta de su pelo,
mientras sigo mojándome,
entrando y saliendo de corales,
mis piernas como cucharas,
la sed
de la que amas.
No, no, impronta del beso,
la magia musical,
el ritmo del agua,
sabio yo desde la ducha,
la campana de mi ombligo,
soy una acuarela
lavable,
un hombre brutalmente desnudo,
no un mono ni un neutro,
cazar las estrellas,
el chorro de leche
que cae al mar,
desde el hambre,
desde mis ansias,
manteniendo una mujer,
como todos lo hacen,
nutriendo la vida
seremos adeptos de la nada...
no puede ser,
no es posible,
me quito la piel,
oigo pasos,
tambor mi corazón,
pasos…
tiemblo,
temblar a partir de ahora...
...
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Chus Soriano
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