LA ECUYÈRE DA A LUZ AL UNICORNIO DURANTE LA SOIRÈE DE GALA
Leve y rotunda
sobre sus puntas diamantinas
equilibrea la ecuyère
sobre los tórridos lomos
de su caballo de guerra.
La faldellina
flor promiscua para reclamo de estrelllas
ondea vigorosa
y los cromáticos payasos
alardean golpes y bebidas inocuas.
Es la soirèe mancillada de profanos
Es la soirèe de duquesas y albaceas
la ecuyère volatinea ingrávida
sobre el resplandeciente lomo de su bestia
Un cromatismo de alabastros al sol
impera en los falsos graderíos
Puntales avizores y cordajes que oscilan sin partitura.
La pista polígono de perímetro infinito
ilumina por reflejo convocado
la llegada de los nobles y demás pacientes.
Es el circo.
Maravilla esplendente y residual de los viejos alquimistas
Transforman el tiempo en oro
y hace reir al anciano y a los niños.
Es el circo ambulatorio
página de un grimorio que nunca fue publicado.
Arcanos grabados en el vientre salaz de la ecuyère
descifran antiguas cópulas
y anuncian milagrosas epifanías de los monstruos.
Es el circo y su ecuyère
nacidos de las promesas de paraísos clausurados
Rodeado de auras dictadas desde otros órdenes
la fricción de las lonas crea la nueva música.
Simiescas contracciones
indeterminados desequilibrios
hacen oscilar las luces cenitales
mientras la ecuyère
desde su altiva entrepierna
hace manar sangre y oro al mismo tiempo
Surge el cónico milagro
del cuerno de un unicornio
salomónica recreación
de la columna que sujeta una pila bautismal.
Después surge el pequeño monstruo
envuelto en armiño y lava
como una fuente de luz que llega desde lo eterno
y trasfunde a través de la carpa atemporal
los prodigios del arcoiris
sobre un público extasiado.
En la soirèe alborozada
el circo, su ecuyère y ese pequeño unicornio
desvelan el misterio universal
del re-nacimiento
que siempre aleja su fondo hasta el confín de los tiempos.
Ilust.: “La ecuyère”. Marc Chagall. 1966
Leve y rotunda
sobre sus puntas diamantinas
equilibrea la ecuyère
sobre los tórridos lomos
de su caballo de guerra.
La faldellina
flor promiscua para reclamo de estrelllas
ondea vigorosa
y los cromáticos payasos
alardean golpes y bebidas inocuas.
Es la soirèe mancillada de profanos
Es la soirèe de duquesas y albaceas
la ecuyère volatinea ingrávida
sobre el resplandeciente lomo de su bestia
Un cromatismo de alabastros al sol
impera en los falsos graderíos
Puntales avizores y cordajes que oscilan sin partitura.
La pista polígono de perímetro infinito
ilumina por reflejo convocado
la llegada de los nobles y demás pacientes.
Es el circo.
Maravilla esplendente y residual de los viejos alquimistas
Transforman el tiempo en oro
y hace reir al anciano y a los niños.
Es el circo ambulatorio
página de un grimorio que nunca fue publicado.
Arcanos grabados en el vientre salaz de la ecuyère
descifran antiguas cópulas
y anuncian milagrosas epifanías de los monstruos.
Es el circo y su ecuyère
nacidos de las promesas de paraísos clausurados
Rodeado de auras dictadas desde otros órdenes
la fricción de las lonas crea la nueva música.
Simiescas contracciones
indeterminados desequilibrios
hacen oscilar las luces cenitales
mientras la ecuyère
desde su altiva entrepierna
hace manar sangre y oro al mismo tiempo
Surge el cónico milagro
del cuerno de un unicornio
salomónica recreación
de la columna que sujeta una pila bautismal.
Después surge el pequeño monstruo
envuelto en armiño y lava
como una fuente de luz que llega desde lo eterno
y trasfunde a través de la carpa atemporal
los prodigios del arcoiris
sobre un público extasiado.
En la soirèe alborozada
el circo, su ecuyère y ese pequeño unicornio
desvelan el misterio universal
del re-nacimiento
que siempre aleja su fondo hasta el confín de los tiempos.
Ilust.: “La ecuyère”. Marc Chagall. 1966