Los románticos no mueren de repente,
se desgastan despacio, lentamente;
guardando entre las manos un suspiro,
amando lo imposible y lo perdido.
Coleccionan ausencias en cajones,
cartas viejas, canciones e ilusiones;
con la fe de quien insiste todavía
en encontrar amor donde no había.
Beben noches enteras de memoria,
embriagados de lágrimas y gloria;
hacen nido en la sombra de un recuerdo
y llaman esperanza a lo que pierdo.
Son nobles habitantes del fracaso,
peregrinos sin mapa ni descanso;
siempre vuelven a abrir la misma herida
para sentir que late aún la vida.
Y aunque el mundo se burle de su empeño,
de perseguir fantasmas y de sueños,
siguen sembrando rosas en el viento
y ofreciendo el corazón sin argumento.
Esa es su ruina hermosa y necesaria:
caer de amor con fe extraordinaria.
Porque hay almas que nacen condenadas
a vivir por las cosas más amadas.
Y así envejecen, dulces, silenciosos,
tercos, vulnerables y orgullosos;
con la elegante decadencia de quien sabe
que amar duele... pero también salva.
se desgastan despacio, lentamente;
guardando entre las manos un suspiro,
amando lo imposible y lo perdido.
Coleccionan ausencias en cajones,
cartas viejas, canciones e ilusiones;
con la fe de quien insiste todavía
en encontrar amor donde no había.
Beben noches enteras de memoria,
embriagados de lágrimas y gloria;
hacen nido en la sombra de un recuerdo
y llaman esperanza a lo que pierdo.
Son nobles habitantes del fracaso,
peregrinos sin mapa ni descanso;
siempre vuelven a abrir la misma herida
para sentir que late aún la vida.
Y aunque el mundo se burle de su empeño,
de perseguir fantasmas y de sueños,
siguen sembrando rosas en el viento
y ofreciendo el corazón sin argumento.
Esa es su ruina hermosa y necesaria:
caer de amor con fe extraordinaria.
Porque hay almas que nacen condenadas
a vivir por las cosas más amadas.
Y así envejecen, dulces, silenciosos,
tercos, vulnerables y orgullosos;
con la elegante decadencia de quien sabe
que amar duele... pero también salva.