Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Mis musas están enterradas bajo dunas abisales
como las criaturas
a las que el olvido y la presión quebraron los huesos.
Ya otras veces se habían retirado a sepulcros
para soñar bestias y parir nuevas muertes,
pero jamás huyeron tan lejos de mí.
Las siento
con la piel ribeteada de escamas
y los ojos arañados por la sal.
Sus dientes se clavan en los caparazones de los cangrejos
mientras continúan su trance.
Su mutación trasciende a mi propia carne,
y saboreo con horror la naturaleza despiadada
que escarbó una tumba allí antes que ellas.
Me ahogo
en las imágenes que burbujean en sus gargantas.
Bajo mis musas durmientes se arrastran tinieblas
que el Hombre no sabe pronunciar.
¿Cómo escribirlas entonces?
Sus mensajes se van convirtiendo
en desvaríos
susurrados con voz de anguila
que soy incapaz de interpretar.