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La enfermedad de todos

jorgeaa

Poeta recién llegado
El teléfono sonando desde muy temprano,
escuché a mi madre sollozando,
unas flores incoloras yacían en el piso;
ahora este parece tan amargo e inestable
que ya casi no lo reconozco.

La lista de espera,
que rebotaba de un lugar al otro,
dentro la burocracia del Estado,
autor de tantos epitafios,
había cumplido de nuevo su labor .

La reticencia batalla contra la realidad;
poco a poco me hago de la idea,
que mi nombre militaría,
en esa espera desesperanzada,
aguardando el día; ese día,
manufacturado para no llegar.

Prefiero no contar,
las lunas venideras,
ni los otoños inexorables,
ni los bufones que vienen,
o los bufones que se van.

¿Existe una ironía en el huérfano limosneando al vil ladrón?
¿Es acaso la vida, una sátira para esos que existen pero ya no viven?

¿Por qué lloraba entonces mamá?
La vecina había fallecido,
dejando atrás a un hombre inapreciable,
que hacía hasta lo imposible,
y una niña inocente
que comenzaba el kindergarten.

El cáncer mató a mi vecina,
murmuraban las viejas del vecindario.
¡Insensatas, el cáncer no mató a mi vecina!
Replicaba con vehemencia.

Ella padeció una enfermedad,
más engorrosa aún;
una enfermedad sin salida,
sin cura,
sin tratamientos;
a la deriva,
a la espera de la muerte.

Esa enfermedad que todos padecemos,
ésa enfermedad,
que actúa como nuestra tutora,
aquella llamada,
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.

Jorge Aguilar Amado
 
la seguridad social centroamericana es de risa, evidentemente. En nicaragua es la caja chica de daniel ortega; en honduras mel zelaya - y dicen que con mucha probabilidad porfirio lobo también- entraba con una carretilla a las instalaciones para sacar los fajos de dólares.

mientras tanto, en los centros de salud nicaragüenses, la acetaminofen (paracetamol) es la cura milagrosa para todas los males y enfermedades: a seth brundle -la mosca-, a la cosa del otro mundo y a los amputados de la primera guerra mundial les hubiesen dado sus buenas dosis de acetaminofen para que se curasen.

centroamérica se merece cosas mejores.

saludos.
 
El teléfono sonando desde muy temprano,
escuché a mi madre sollozando,
unas flores incoloras yacían en el piso;
ahora este parece tan amargo e inestable
que ya casi no lo reconozco.

La lista de espera,
que rebotaba de un lugar al otro,
dentro la burocracia del Estado,
autor de tantos epitafios,
había cumplido de nuevo su labor .

La reticencia batalla contra la realidad;
poco a poco me hago de la idea,
que mi nombre militaría,
en esa espera desesperanzada,
aguardando el día; ese día,
manufacturado para no llegar.

Prefiero no contar,
las lunas venideras,
ni los otoños inexorables,
ni los bufones que vienen,
o los bufones que se van.

¿Existe una ironía en el huérfano limosneando al vil ladrón?
¿Es acaso la vida, una sátira para esos que existen pero ya no viven?

¿Por qué lloraba entonces mamá?
La vecina había fallecido,
dejando atrás a un hombre inapreciable,
que hacía hasta lo imposible,
y una niña inocente
que comenzaba el kindergarten.

El cáncer mató a mi vecina,
murmuraban las viejas del vecindario.
¡Insensatas, el cáncer no mató a mi vecina!
Replicaba con vehemencia.

Ella padeció una enfermedad,
más engorrosa aún;
una enfermedad sin salida,
sin cura,
sin tratamientos;
a la deriva,
a la espera de la muerte.

Esa enfermedad que todos padecemos,
ésa enfermedad,
que actúa como nuestra tutora,
aquella llamada,
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.

Jorge Aguilar Amado

Es un poema bueno, de esos que deberían tener bastantes más comentarios.

Una vez hace meses ya vi un poema tuyo por aquí de excelente factura, igual, con un par de comentarios. Esto pasa mucho por la casa y todos sabemos como va la dinámica... a veces pareciera que lo mejor sería no haber optado por este modelo y poner las poesías peladas, con un "me gusta" si acaso. Pero dejemos esta estéril observación (por otra parte puede que un portal de este tipo sin comentarios no se sostuviera).

Volviendo a tu poesía me gusta el estilo narrativo, es una poesía con un mensaje muy bien expuesto y que para colmo se entiende perfectamente, nada de filigranas para lucir el tipo y luego no concretar nada. Partiendo de una historia sencilla, cotidiana y común haces una efectiva crítica a todo un sistema de salud.

Luego está ese lenguaje limpio, efectivo pero sin ninguna metáfora vaga, precioso. Puede que a alguien le parezca que sobra una coma acá o acullà u otro pequeño detalle pero el conjunto es extraordinario y muy informativo pues desde luego ya te lleva a preguntarte sobre la realidad que denuncias y aunque se sepa poco o nada sobre el particular, hoy el que busca encuentra, ya pocas porquerías se pueden tapar por mucho que lo intenten los países, ya meros satélites de los intereses corporativos internacionales.

Enhorabuena por tu poesía, gracias por compartirla y un abrazo.

Jon
 

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