Érase un catillo,
habitado por un rey,
ayudado por una esclava
con una dulce mirada.
Con sus cantos agudos,
hacía alegrar al rey y
con sus manos blandas
preparaba su vergel.
Un día la esclava ansio su libertad,
su señor no la dejó,
y por esta triste razón,
a la angustia la llevó.
El rey la mando a llamar,
ella llorando fue hasta su altar,
al verla se compadeció,
y por su gracia, la liberó.
habitado por un rey,
ayudado por una esclava
con una dulce mirada.
Con sus cantos agudos,
hacía alegrar al rey y
con sus manos blandas
preparaba su vergel.
Un día la esclava ansio su libertad,
su señor no la dejó,
y por esta triste razón,
a la angustia la llevó.
El rey la mando a llamar,
ella llorando fue hasta su altar,
al verla se compadeció,
y por su gracia, la liberó.