Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
La lluvia persistente caía por mi rostro,
haciendo la espera más lastimera y encorvada,
las fotos humedecían en el negro abrigo,
que cubrían mis rodantes lágrimas.
haciendo la espera más lastimera y encorvada,
las fotos humedecían en el negro abrigo,
que cubrían mis rodantes lágrimas.
Paseante mis pasos devorando la esquina,
donde un farol acompañaba la intranquila vigilia
y mis manos se meten entre los bolsillos,
donde aprietan las fotos sangrantes…, cabizbajas.
donde un farol acompañaba la intranquila vigilia
y mis manos se meten entre los bolsillos,
donde aprietan las fotos sangrantes…, cabizbajas.
Vigilante y enrojecidos mis ojos,
se pasean entre fríos transeúntes,
como frío es el vaho que emerge desde mis fauces,
tirantes y gélidas mandíbulas mordisquean incesantes,
queriendo pronunciar el saludo,
desde hace rato distante.
se pasean entre fríos transeúntes,
como frío es el vaho que emerge desde mis fauces,
tirantes y gélidas mandíbulas mordisquean incesantes,
queriendo pronunciar el saludo,
desde hace rato distante.
Reviso las palabras que pronunciaré en tu llegada,
un “hola” es habitual en estas circunstancias,
más luego preguntaré…,
¿cómo se han portado los niños?,
una sonrisa no está de más…, pienso,
para suavizar las rígidas bocas y las cortantes miradas.
un “hola” es habitual en estas circunstancias,
más luego preguntaré…,
¿cómo se han portado los niños?,
una sonrisa no está de más…, pienso,
para suavizar las rígidas bocas y las cortantes miradas.
Las piernas cansadas del día,
sosiegan en un tamborileo del zapato,
imitando el ritmo de un saxofón,
que dibuja siluetas unas tres casas más allá.
sosiegan en un tamborileo del zapato,
imitando el ritmo de un saxofón,
que dibuja siluetas unas tres casas más allá.
Mi nariz metida en la bufanda,
respira agitada esperando la llegada,
de unos tacones nerviosos
y de una falda estilizada,
que romperá el silencio que embarga,
en esta espera pendenciera de la nada.
respira agitada esperando la llegada,
de unos tacones nerviosos
y de una falda estilizada,
que romperá el silencio que embarga,
en esta espera pendenciera de la nada.
Desde la muñeca la hora se hace eterna y callada,
la lluvia que no cesa de cantar sus lágrimas,
bajo el foco una cigarra se ufana,
por conseguir que escuchen su llamada
y sólo encuentra mi figura,
vagabunda entre adoquines y grises pórticos,
fiel compañía en esta noche sin alma.
la lluvia que no cesa de cantar sus lágrimas,
bajo el foco una cigarra se ufana,
por conseguir que escuchen su llamada
y sólo encuentra mi figura,
vagabunda entre adoquines y grises pórticos,
fiel compañía en esta noche sin alma.
Mis huesos mojados ya desean salir de esta farsa,
desesperada vigilia que no acaba
y tu silueta que sólo es un fantasma,
en mi cabeza, mis labios… y la persistente espera,
junto a estos moribundos minutos que no avanzan…
desesperada vigilia que no acaba
y tu silueta que sólo es un fantasma,
en mi cabeza, mis labios… y la persistente espera,
junto a estos moribundos minutos que no avanzan…
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