Littera
Poeta asiduo al portal
Dejo abierta la ventana
en esta noche galana
por, si mi fortuna fuera
que hasta ella condujera
tu sutil perfume el mar,
antes de romper el día
la estrellada galería
y herir los pardos mantones
del astro rey los arpones
poderme en él anegar.
Busco en la arboleda umbrosa
de frescura blandiciosa
el suave y sensible trino,
el canto amante y refino
del bermejo ruiseñor
porque la esperanza abrazo
y la confianza embrazo
de que tras su melodía
no sólo está tu alegría,
mas sin reservas tu amor.
Miro las flores del campo
de un inigualable ampo,
seráfico cual la nieve
y cual el rocío leve,
los suelos engalanar,
y exhalo un hondo suspiro
porque en su paz y retiro
quisiera tu ardiente boca
con vehemencia no poca
y desenfreno besar.
Escudriño osadamente
las facciones de la gente
por si la voluble mano
del inhiesto soberano
que denominan azar
permitiérame entre ellas,
a más de tus sienes bellas,
tu frente coloreada
y tu mejilla aseada
un instante contemplar.
Confronto, al fin, el pigmento
negruzco del firmamento
y en él los sentidos paro,
pretendiendo un nimio claro
acaso diferenciar
que de presto me permita
la preciosa lazulita
de tus femeninos ojos
tan despejados de abrojos
con precisión recordar.
en esta noche galana
por, si mi fortuna fuera
que hasta ella condujera
tu sutil perfume el mar,
antes de romper el día
la estrellada galería
y herir los pardos mantones
del astro rey los arpones
poderme en él anegar.
Busco en la arboleda umbrosa
de frescura blandiciosa
el suave y sensible trino,
el canto amante y refino
del bermejo ruiseñor
porque la esperanza abrazo
y la confianza embrazo
de que tras su melodía
no sólo está tu alegría,
mas sin reservas tu amor.
Miro las flores del campo
de un inigualable ampo,
seráfico cual la nieve
y cual el rocío leve,
los suelos engalanar,
y exhalo un hondo suspiro
porque en su paz y retiro
quisiera tu ardiente boca
con vehemencia no poca
y desenfreno besar.
Escudriño osadamente
las facciones de la gente
por si la voluble mano
del inhiesto soberano
que denominan azar
permitiérame entre ellas,
a más de tus sienes bellas,
tu frente coloreada
y tu mejilla aseada
un instante contemplar.
Confronto, al fin, el pigmento
negruzco del firmamento
y en él los sentidos paro,
pretendiendo un nimio claro
acaso diferenciar
que de presto me permita
la preciosa lazulita
de tus femeninos ojos
tan despejados de abrojos
con precisión recordar.
Última edición: