Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy una vieja estatua,
hay quién me dice monumento,
estoy situado en la parte más alta
y estoy aquí con buenos cimientos.
llevo años mirando la ciudad
y soy el único que con claridad,
puede distinguir sus diferencias
y también todas sus coincidencias.
aún recuerdo ese sonido de tacones,
que me llamaba todas las mañanas,
era tan bella que desde ahí tuve razones
para esperarla cada vez que pasara.
y así fue durante un año,
a diario esperaba que pasara
hasta que una fría mañana,
junto a ella ya iba un extraño.
y la llevaba de la mano,
días después ya pasaban abrazados,
los vi darse semejantes besos
y yo sin caer me sentí derrumbado.
los vi entrar al hotel que está por la calzada,
fueron tantas veces con salida de madrugada,
pero después dejó de pasar,
y un día a mi explanada volvió,
pero la vi bastante cambiada,
caminaba lento y se tomaba la espalda,
su amor había rendido frutos,
ahora estaba embarazada.
y después de otra corta ausencia,
para mi sorpresa un día volvió,
cargaba un retoñito en sus brazos
y el corazón de piedra se estremeció
nunca más volví a ver a su enamorado
escuché decir que el la abandonó.
yo nunca la hubiera abandonado,
como buena estatua se permanecer,
al que llaman Dios le sigo rezando
que un día de aquí yo pueda descender
para tomarle al fin de la mano
y decirle que yo la he esperado,
que desde que usaba tacones la he amado,
y que el papá del retoñito yo quiero ser.
hay quién me dice monumento,
estoy situado en la parte más alta
y estoy aquí con buenos cimientos.
llevo años mirando la ciudad
y soy el único que con claridad,
puede distinguir sus diferencias
y también todas sus coincidencias.
aún recuerdo ese sonido de tacones,
que me llamaba todas las mañanas,
era tan bella que desde ahí tuve razones
para esperarla cada vez que pasara.
y así fue durante un año,
a diario esperaba que pasara
hasta que una fría mañana,
junto a ella ya iba un extraño.
y la llevaba de la mano,
días después ya pasaban abrazados,
los vi darse semejantes besos
y yo sin caer me sentí derrumbado.
los vi entrar al hotel que está por la calzada,
fueron tantas veces con salida de madrugada,
pero después dejó de pasar,
y un día a mi explanada volvió,
pero la vi bastante cambiada,
caminaba lento y se tomaba la espalda,
su amor había rendido frutos,
ahora estaba embarazada.
y después de otra corta ausencia,
para mi sorpresa un día volvió,
cargaba un retoñito en sus brazos
y el corazón de piedra se estremeció
nunca más volví a ver a su enamorado
escuché decir que el la abandonó.
yo nunca la hubiera abandonado,
como buena estatua se permanecer,
al que llaman Dios le sigo rezando
que un día de aquí yo pueda descender
para tomarle al fin de la mano
y decirle que yo la he esperado,
que desde que usaba tacones la he amado,
y que el papá del retoñito yo quiero ser.
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