F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Si miras el interior
de la casa de tu abuelo
no encontrarás a sus hijos
porque todos ya se fueron.
Ninguno está ya con él,
Viven… más o menos lejos,
mas todos tienen su casa,
su mujer y sus pequeños.
Fíjate bien en tu padre:
de mis hijos, fue el primero.
Como los hijos volaron…
¿qué sostiene a los abuelos?
De aquellos tiempos pasados
sólo les quedan… recuerdos
de la lucha de los hijos
cuando aún eran pequeños,
de sus llantos y sus risas,
de sus caprichos y juegos
cuando la casa era un mundo
¡maravilloso y soberbio!
Hoy los abuelos añoran
el bullicio de otros tiempos
y aquel trajín permanente
de lecciones y colegios.
Sin embargo, ¡qué alegría
si aparecen con los nietos!
¡Tú lo has podido apreciar
porque eres uno de ellos!
Mientras tanto, en esta casa,
andamos sin decibelios:
los pasos parecen sombras
que pisan el terciopelo
porque son pasos cansados
y es natural que sean lentos.
¡Mira los ojos de abuela!
Se van cerrando en silencio
cuando se sienta en la sala
con el croché entre los dedos.
Y si observas con cuidado
verás también que, el abuelo,
se queda, a veces, dormido
mientras quiere escribir versos.
¡Son los años… que les pasan
la cruel factura del tiempo!
Sin embargo, ángel mío,
que no te enrede este ejemplo.
Para eso te conmino
a meditar muy sereno:
cuando vayas por la calle…
si te adelantas a un viejo…
porque tus pasos son largos
y él marcha mucho más lento…,
mientras ves su andar despacio
piensa que, lo que estás viendo,
fue en sus inicios, bebé,
después de niño, un mozuelo,
luego un hombre responsable,
un padre luchador, luego,
que trabajó con coraje
para defender el techo,
la comida y los vestidos
de sus cachorros pequeños.
Y, por culpa de los años…,
poco a poco… y sin remedio…
se fue cubriendo aquel hombre
de arrugas y sentimientos
porque le faltan las fuerzas
que antes gozaba su cuerpo.
Pero tú no te confundas,
porque aquel que llegue a viejo
es persona que almacena
un cúmulo de recuerdos:
de sus instantes felices,
de sus fracasos y esfuerzos,
de los éxitos que obtuvo,
en sus amores primeros…
y de ese mundo fantástico
que lleva dentro… muy dentro,
y del que brota alegría
cuando le abrazan sus nietos.
Él muchas veces se siente
¡tan joven!... que hace proyectos
como cuando la energía
residenciaba en su cuerpo.
Pero la tal juventud…
surge… del propio cerebro
que le hace sentir vivo
¡vivo y feliz al completo!
y se olvida de su carne,
de sus pastillas y huesos.
Mas si un día tú lo vieses
con un libro entre sus dedos,
con los ojos entornados
(sin intención de leerlo)
permaneciendo callado…
y la sonrisa en el gesto…
no debes darle importancia
¡no pasa nada!, es… el precio
que tu abuelo está pagando…
¡por la factura del tiempo!
de la casa de tu abuelo
no encontrarás a sus hijos
porque todos ya se fueron.
Ninguno está ya con él,
Viven… más o menos lejos,
mas todos tienen su casa,
su mujer y sus pequeños.
Fíjate bien en tu padre:
de mis hijos, fue el primero.
Como los hijos volaron…
¿qué sostiene a los abuelos?
De aquellos tiempos pasados
sólo les quedan… recuerdos
de la lucha de los hijos
cuando aún eran pequeños,
de sus llantos y sus risas,
de sus caprichos y juegos
cuando la casa era un mundo
¡maravilloso y soberbio!
Hoy los abuelos añoran
el bullicio de otros tiempos
y aquel trajín permanente
de lecciones y colegios.
Sin embargo, ¡qué alegría
si aparecen con los nietos!
¡Tú lo has podido apreciar
porque eres uno de ellos!
Mientras tanto, en esta casa,
andamos sin decibelios:
los pasos parecen sombras
que pisan el terciopelo
porque son pasos cansados
y es natural que sean lentos.
¡Mira los ojos de abuela!
Se van cerrando en silencio
cuando se sienta en la sala
con el croché entre los dedos.
Y si observas con cuidado
verás también que, el abuelo,
se queda, a veces, dormido
mientras quiere escribir versos.
¡Son los años… que les pasan
la cruel factura del tiempo!
Sin embargo, ángel mío,
que no te enrede este ejemplo.
Para eso te conmino
a meditar muy sereno:
cuando vayas por la calle…
si te adelantas a un viejo…
porque tus pasos son largos
y él marcha mucho más lento…,
mientras ves su andar despacio
piensa que, lo que estás viendo,
fue en sus inicios, bebé,
después de niño, un mozuelo,
luego un hombre responsable,
un padre luchador, luego,
que trabajó con coraje
para defender el techo,
la comida y los vestidos
de sus cachorros pequeños.
Y, por culpa de los años…,
poco a poco… y sin remedio…
se fue cubriendo aquel hombre
de arrugas y sentimientos
porque le faltan las fuerzas
que antes gozaba su cuerpo.
Pero tú no te confundas,
porque aquel que llegue a viejo
es persona que almacena
un cúmulo de recuerdos:
de sus instantes felices,
de sus fracasos y esfuerzos,
de los éxitos que obtuvo,
en sus amores primeros…
y de ese mundo fantástico
que lleva dentro… muy dentro,
y del que brota alegría
cuando le abrazan sus nietos.
Él muchas veces se siente
¡tan joven!... que hace proyectos
como cuando la energía
residenciaba en su cuerpo.
Pero la tal juventud…
surge… del propio cerebro
que le hace sentir vivo
¡vivo y feliz al completo!
y se olvida de su carne,
de sus pastillas y huesos.
Mas si un día tú lo vieses
con un libro entre sus dedos,
con los ojos entornados
(sin intención de leerlo)
permaneciendo callado…
y la sonrisa en el gesto…
no debes darle importancia
¡no pasa nada!, es… el precio
que tu abuelo está pagando…
¡por la factura del tiempo!
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