Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Esta tarde de marzo
Mientras una guerra extraña
le deja a las pantallas sus imágenes mortales
como vacuna hacia un mundo horrendo y desastroso
mi guitarra se duerme en un rutinario trémolo
y mi gata se acuesta panza arriba
para captar los vientos siempre frescos.
¡Obama!
Parafernalia gringa que se impone
en las mentes hambrientas de esperanza.
Un perro vagabundo
desterrado de todos los rincones
husmea entre los restos de basura
para saciar el hambre casi eterna.
La radio dice: muerte
los profetas del tiempo apresuran
las temibles noticias de un estío
que morirá en septiembre con el frío.
Me acaricio las canas.
Sobre el granito frío de la calle
un obrero indigente
se detiene y voltea hacia el ruido
que la tele emite persistente.
¡Obama!...
Las imágenes vuelan
los colores destellan alegrías,
y las risas se venden insistentes
El obrero sonríe:
¡Al fin habrán escuelas!
¡Al fin un mundo amigo!
Se me derrite el alma
las palabras no bastan
mi mudenco silencio
se hace furia en los dedos
se retuercen la cuerdas
y brotan como gotas
los sones brasileños
del estudio meloso
de la mano derecha.
Obama...
Tarde de sueños
nubes blancas que parecen algodones
cielos celestes, de humedad vacíos;
mudos, los ruidos
de la Ciudad desierta de atenciones
y llena de caminos,
de caminos extraños
bajo un universo que se esconde
tras la infinita distancia
de lo inalcanzable
de lo inconcebible
de lo incomprensible.
Obama...
Un icono virtual que comparte mi microsegundo de existencia
en este mar de universos llenos
de suspiros olvidados
donde los muertos son sólo tierra;
y los vivos...,
una página que siempre se dobla hacia el pasado.
Mi guitarra se muere de cansancio
se me rompen las uñas sin martirio,
sólo queda un suspiro de mi vida
el Big Ban lo opaca con su suspiro poderoso...,
todas las emociones, son apenas
un ligero motín
para los ojos que se encienden y se apagan
en este universo lleno de luceros tan lejanos.
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