Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Una autopsia terminada,
que define la razón de su asesino,
deleitándose entre los ojos,
con saña arrancados...
Uñas sangrientas,
con laberintos intrincéntricos,
que rebozan de verdades,
in concluidas realidades...
Tripas esparcidas,
como mapa celeste,
con las estrellas blanquecinas,
con la bilis derramada,
en verde oscuro...
Oscuros filamentos,
que han quedado entre dedos,
que señalan la cobardía,
ocultos rastros,
de melancolía turbia...
Plancha fúnebre,
cruel destino,
entre laberintos confusos,
entre los mismos muros,
encendidos con el fuego puro...
Órbitas blancas,
con el iris derretido,
en perversa sonrisa,
que guardaba la carcajada,
Solo veintiún años,
experiencias mórbidas,
violada sin piedad,
extorsionada virtud,
que cegó su luz...
Viuda negra inclemente,
que desfigura su rostro,
con bisturí hambriento,
con ganas abstractas,
de devorar el corazón...
Hortaliza fértil,
que se ciega con la espada,
mientras las marcas en su espalda,
aún derraman sangre...
¡Dientes... colmillos!
¡Inhumano despojo!
Con la rabia animal,
encogida entre sus muslos,
queda el vestigio de belleza,
consumada por rufián desconocido,
para beber de sus manantiales el odio...
Tela sin romper,
que conserva aún su tibieza,
mientras la frialdad de esta morada,
convierte la luz en azul fluorescente,
que la muerte misma asqueada entra,
Nada ahí aquí para vos,
el destino ha sido cumplido,
con los cartílagos deshechos,
se marca el comienzo,
de noches templadas,
en el manto de estrellas olvidadas,
Que el cabello arrancado,
celebre la vanidad perdida,
con el desencanto de las hadas,
esas perdidas entre los cantos infantiles...
Piérdase el brillo,
que nunca fue pulcro,
entre pulmones ennegrecidos,
por patadas constantes...
Cardenales hinchados,
que revienten en pus...
y será completa,
la sinfonía de lo terrible,
Celebrando... su prima nocta,
ahora aullando a la luna,
con la pérdida de su dentadura,
que quedó en feroz batalla,
Rótula torcida,
con las costillas clavadas,
directas y sin miedo,
hasta el fondo mismo de las traqueas,
desbordando los nervios...
Espina cercenada,
como caña... con placer,
ahora... arma el rompecabezas,
para que al fin entiendas...
La firma a mis hazañas,
con la idea que esta noche,
pesadillas pobladas tendrás,
entre filamentos y osamentas...
Ahí... estaré...
L.V.
que define la razón de su asesino,
deleitándose entre los ojos,
con saña arrancados...
Uñas sangrientas,
con laberintos intrincéntricos,
que rebozan de verdades,
in concluidas realidades...
Tripas esparcidas,
como mapa celeste,
con las estrellas blanquecinas,
con la bilis derramada,
en verde oscuro...
Oscuros filamentos,
que han quedado entre dedos,
que señalan la cobardía,
ocultos rastros,
de melancolía turbia...
Plancha fúnebre,
cruel destino,
entre laberintos confusos,
entre los mismos muros,
encendidos con el fuego puro...
Órbitas blancas,
con el iris derretido,
en perversa sonrisa,
que guardaba la carcajada,
Solo veintiún años,
experiencias mórbidas,
violada sin piedad,
extorsionada virtud,
que cegó su luz...
Viuda negra inclemente,
que desfigura su rostro,
con bisturí hambriento,
con ganas abstractas,
de devorar el corazón...
Hortaliza fértil,
que se ciega con la espada,
mientras las marcas en su espalda,
aún derraman sangre...
¡Dientes... colmillos!
¡Inhumano despojo!
Con la rabia animal,
encogida entre sus muslos,
queda el vestigio de belleza,
consumada por rufián desconocido,
para beber de sus manantiales el odio...
Tela sin romper,
que conserva aún su tibieza,
mientras la frialdad de esta morada,
convierte la luz en azul fluorescente,
que la muerte misma asqueada entra,
Nada ahí aquí para vos,
el destino ha sido cumplido,
con los cartílagos deshechos,
se marca el comienzo,
de noches templadas,
en el manto de estrellas olvidadas,
Que el cabello arrancado,
celebre la vanidad perdida,
con el desencanto de las hadas,
esas perdidas entre los cantos infantiles...
Piérdase el brillo,
que nunca fue pulcro,
entre pulmones ennegrecidos,
por patadas constantes...
Cardenales hinchados,
que revienten en pus...
y será completa,
la sinfonía de lo terrible,
Celebrando... su prima nocta,
ahora aullando a la luna,
con la pérdida de su dentadura,
que quedó en feroz batalla,
Rótula torcida,
con las costillas clavadas,
directas y sin miedo,
hasta el fondo mismo de las traqueas,
desbordando los nervios...
Espina cercenada,
como caña... con placer,
ahora... arma el rompecabezas,
para que al fin entiendas...
La firma a mis hazañas,
con la idea que esta noche,
pesadillas pobladas tendrás,
entre filamentos y osamentas...
Ahí... estaré...
L.V.