Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Haz sonar la flauta
que por carnosos labios tienes,
con las voces de la danza
y acordes de los vieneses,
con que regiamente afinan
barrocos coros de los reyes.
Y haz ondear la plata
y la faz grisácea que permea,
los vestidos de dos damas
que por tus ojos se pasean,
quienes al asomarse en sus ventanas
en pretendientes no escasean.
Y haz soltar la lana
que tras los tintes ofusca,
la blancura de tu carne
y el talle de una efigie etrusca,
para así en tu piel gozar el alba
y ver la luz, que el día tanto busca.
Y haz brotar la esencia
de la que tanto mi ser precisa,
el fresco perfume de miel
que desprende una capa cobriza,
un camizon en fulgurante incienso
que aromatiza tu desnuda briza.
Y hazme tocar el grosor
de tus melodiosos labios,
y hazme vislumbrar el tono gris
de la gema de los sabios.
O hazme palpar la luz
que materializas en tu rostro, en tu vientre y en tus piernas,
o hazme conocer el amor
que cobijas en tu lecho, bajo sonrojadas cabelleras.
que por carnosos labios tienes,
con las voces de la danza
y acordes de los vieneses,
con que regiamente afinan
barrocos coros de los reyes.
Y haz ondear la plata
y la faz grisácea que permea,
los vestidos de dos damas
que por tus ojos se pasean,
quienes al asomarse en sus ventanas
en pretendientes no escasean.
Y haz soltar la lana
que tras los tintes ofusca,
la blancura de tu carne
y el talle de una efigie etrusca,
para así en tu piel gozar el alba
y ver la luz, que el día tanto busca.
Y haz brotar la esencia
de la que tanto mi ser precisa,
el fresco perfume de miel
que desprende una capa cobriza,
un camizon en fulgurante incienso
que aromatiza tu desnuda briza.
Y hazme tocar el grosor
de tus melodiosos labios,
y hazme vislumbrar el tono gris
de la gema de los sabios.
O hazme palpar la luz
que materializas en tu rostro, en tu vientre y en tus piernas,
o hazme conocer el amor
que cobijas en tu lecho, bajo sonrojadas cabelleras.