Cuanta felicidad me puede impregnar
una flor si lo más bello son sus delicados
matices que la vuelven hermosa cada día.
Cuanta felicidad me puede impregnar
una flor si al verla en mi lecho ataviando
con su frescura este cielo de ilusiones.
Cuanta felicidad me puede impregnar
una flor si está hecha de fantasías
alardeando de su belleza con el amor.
Cuanta felicidad me puede impregnar
una flor si necesito que seas la partida
para encumbrar ni nombre en tu corazón.