Lope
Poeta adicto al portal
Cae el día,
resbalándose por tu espalda.
Cae la noche fría,
por debajo de tu falda.
El aire quieto,
me inspira algún soneto,
que después dejo guardado
toda la vida en el libreto.
Soplo los dados con mis dedos
y acaricio tus pestañas con mis labios.
De dos en dos te lamo los poros
y afloro por tu cabello sombrío.
La flor de tus pupilas me sigue
hasta por el río de tu saliva.
Espera quizá que mis labios mengüen
pero no lo harán ni en cien vidas.
Mi lengua te acorrala los dientes
y mientras tus mejillas están latentes.
Bajo tus costillas, ni lo pienses,
sigo hasta tus rodillas parisienses.
Sin freno resbalo por tu cuello,
cada vello de tu cuerpo me roza.
Es tan bello el tiempo que destroza,
el halo de tu cabeza en un destello.
De momentos me vuelvo loco desquiciado,
pero poco a poco me sereno y me calmo.
Cada cierto tiempo me siento anonadado,
cuando subo por el álamo de tu cintura.
Me corroen las ansias de comerte,
sería la cura a mi cordura poder verte.
Por tenerte di más de mil vuelta a las ataduras
y pude comprender tu atardecer sin dudas.
resbalándose por tu espalda.
Cae la noche fría,
por debajo de tu falda.
El aire quieto,
me inspira algún soneto,
que después dejo guardado
toda la vida en el libreto.
Soplo los dados con mis dedos
y acaricio tus pestañas con mis labios.
De dos en dos te lamo los poros
y afloro por tu cabello sombrío.
La flor de tus pupilas me sigue
hasta por el río de tu saliva.
Espera quizá que mis labios mengüen
pero no lo harán ni en cien vidas.
Mi lengua te acorrala los dientes
y mientras tus mejillas están latentes.
Bajo tus costillas, ni lo pienses,
sigo hasta tus rodillas parisienses.
Sin freno resbalo por tu cuello,
cada vello de tu cuerpo me roza.
Es tan bello el tiempo que destroza,
el halo de tu cabeza en un destello.
De momentos me vuelvo loco desquiciado,
pero poco a poco me sereno y me calmo.
Cada cierto tiempo me siento anonadado,
cuando subo por el álamo de tu cintura.
Me corroen las ansias de comerte,
sería la cura a mi cordura poder verte.
Por tenerte di más de mil vuelta a las ataduras
y pude comprender tu atardecer sin dudas.