Una flor no es la más bella,
aquella que todos admiran,
aquella que todos quieren
tener en su oasis y venerar.
Una flor es la más bella,
aquella que se esconde
en el rosal del misterio,
aquella que nos atrapa en
su lindeza por su amor,
la gala de sus pétalos y
su garbo al bailar con la
primavera en su sagrario.
Una flor es la más bella
aquella que contagia su
aroma en la deidad del alma.
Una flor es la más bella,
aquella que al despertar
llena de dicha y feliciadad
todo lo que nos rodea.