guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Es una linda noche para soñar.
La cama de metal sigue fría,
ajena al calor de esta sala del Caribe,
a mi calor corporal y a la fricción
de sus manos sobre mi piel firme.
He dejado de ser títere de la realidad
y es ella quien ha cortado las cuerdas.
Yo corté al titiritero de avaricia divina
al negarme ser presa de su paraíso celestial.
Es delicada con esas manos de látex,
tan sensual, tan punzante, tan entregada
a las finas incisiones especulativas llenas de arte.
El primer beso mineral perfora mi epidermis
mientras sueño que mis pupilas se dilatan.
El segundo, hondo y fogoso lame la dermis
con una lengua verdosa entre las capas rosas.
El tercero, violento como un clímax, muestra mi hipodermis
que no se contrae ante sus suspiros de niña enamorada.
Niña, en el fondo es una niña
y yo su baúl de juguetes nuevos
en un eterno día de lluvia.
De par en par abre mi pecho
mostrando al sol artificial mis secretos.
En los pulmones crece una planta te tabaco negro,
en los riñones, endurecidos como madera de roble,
se añeja un licor violeta de locuras y dilemas.
En el corazón, no hay corazón, solo un espacio vacío
que minimiza el brillo de un rubí solidificado por la soledad.
Rubí que era para la primera persona que iba amar
y mostrar mi interior sin dudar.
Quédeselo doctora que ya es algo tarde para eso del amor.
La cama de metal sigue fría,
ajena al calor de esta sala del Caribe,
a mi calor corporal y a la fricción
de sus manos sobre mi piel firme.
He dejado de ser títere de la realidad
y es ella quien ha cortado las cuerdas.
Yo corté al titiritero de avaricia divina
al negarme ser presa de su paraíso celestial.
Es delicada con esas manos de látex,
tan sensual, tan punzante, tan entregada
a las finas incisiones especulativas llenas de arte.
El primer beso mineral perfora mi epidermis
mientras sueño que mis pupilas se dilatan.
El segundo, hondo y fogoso lame la dermis
con una lengua verdosa entre las capas rosas.
El tercero, violento como un clímax, muestra mi hipodermis
que no se contrae ante sus suspiros de niña enamorada.
Niña, en el fondo es una niña
y yo su baúl de juguetes nuevos
en un eterno día de lluvia.
De par en par abre mi pecho
mostrando al sol artificial mis secretos.
En los pulmones crece una planta te tabaco negro,
en los riñones, endurecidos como madera de roble,
se añeja un licor violeta de locuras y dilemas.
En el corazón, no hay corazón, solo un espacio vacío
que minimiza el brillo de un rubí solidificado por la soledad.
Rubí que era para la primera persona que iba amar
y mostrar mi interior sin dudar.
Quédeselo doctora que ya es algo tarde para eso del amor.
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