Me resulta raro el amarla ya
sin conocer de ella más que una foto,
sin saber siquiera qué por mí ha de sentir
su corazón de misteriosa mujer distante,
o sin temer si un laberinto de dolor ha de ser
en lo que voy, poco a poco, adentrándome.
Me resulta raro el amarla ya
sin poder detenerme al hacerlo,
o sin poder detenerme a pensar lo que hago.
Desde que la conocí el mundo ciertamente ha cambiado;
porque ha cambiado del mundo el que la conoció.
Y es que todo ya me suena a su nombre,
¡sí, hasta el silencio ya me suena a Jimena!
Su rostro es hermoso como hermosa la esperanza
que me trae la sonrisa que en él se dibuja;
porque una mujer feliz es lo que he venido buscando,
ya que yo soy desdichado, y los polos opuestos se atraen.
Desde que la conocí ella corrió veloz por mis venas,
para llegar muy pronto a mi corazón,
y ahí dentro muy quieta quedarse,
como burlándose de mí,
el que nunca había amado así,
el mismo que había dicho que nunca así amaría.
Pero ya ves Jimena que a todos nos llega la hora
en que nos llega el amor;
ya ves que ahora soy yo, y quizás mañana
seas tú.