Hejaran
Poeta asiduo al portal
LA FRESCURA QUE LE DA SOMBRA AL AMOR
Con los cantos del alba
en lírica mañana y trino de
jilgueros, llegamos al lago de
cristalinas aguas, de esmeralda y rubí,
después de recorrer la selva y sus senderos.
En medio de la arboleda
vimos reflejadas las flores,
los prados y las nubes, al caminar
entre gigantescos samanes sentimos
placer, como si fuera la melodía de una noche nupcial.
Amorosos y sombríos
los gansos de plumaje blanco
y celestial, se desplumaban con sus picos, como si esto los hiciera excitar.
El silencio de las
majestuosas aguas
invitaban a descansar; a un
lado mi bella novia esperaba también
una caricia que despertara el embrujo de nuestro amor y un poco de lujuria y de pasión.
De pronto los peces
saltarines hicieron presencia
en medio de burbujas que se iban
ampliando hasta un tálamo de tupido follaje, que oxigenaba el lago como si fuera su pulmón.
La paciencia de un
martín pescador, hacía que
con el sol se reflejara en el agua
su silueta, y el calor hirviente hacía más brillante la corriente.
Impulsada por una
fuerza invisible, llegó una
brisa maravillosa que refrescó
todo el entorno, con la frescura,
nuestros cuerpos sintieron aflorar
el candor del lago como la corriente de un desbordado riachuelo.
Estar rodeados de
tanta bondad, hizo que
despertaran nuestros deseos y
nuestra ansiedad.
Y nuestro amor
haciendo un esfuerzo
titánico se dejó llevar como
una nave que naufraga, entregándose
a los brazos del océano que la recibe en presencia de gaviotas y pelícanos, que silenciosos sobrevuelan esperando que el mar haga el reflujo y devuelva como si tuviera un orgasmo los excedentes de lo que se acaba de tragar.
Estábamos tan
entregados a compartir
nuestra libido que no nos dimos
cuenta que sobre nuestros cuerpos se mecían los guaduales,
deleitando con su arrullo a samanes y chircales.
Mientras nos besábamos
entre la arboleda revoloteaban las chicharras bullangueras como marineros ebrios que no dejan de reír y de gritar.
Cuando se colmaron
nuestras pasiones, pudimos
apreciar cómo los patos y los gansos
se profundizaban en el lago buscando el mismo manjar que nosotros habíamos encontrado en nuestros cuerpos.
Llenos de felicidad,
antes de partir, nos volvimos a besar.
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