La fuente marmórea,fija en la eternidad,chorrea agua de azahar para las bocas benditas de los niños pacientes.Éstos se aprestan a beber de tal caudaloso elixir,mientras el sol ya raya el ocaso del moribundo día,desecado por las estrellas que palpitan mientras se encarama en el horizonte la pálida luna;recortada por las sinuosas brumas de un crepúsculo que ya gobierna con corazón de hierro.Cuando ya es noche,la susodicha fuente de los milagros,hace germinar,ante las miradas espantadas de los chicos,claveles de hojalata y rosas salpicadas con la sangre pura de doncellas maculadas por el dios sátiro Pan.Entonces,horrorizados,se escabullen entre los setos,húmedos de rocío,mientras una risa sardónica se escucha a lo lejos.