Había logrado escapar de la cárcel de aquella inmunda isla, que sólo servía como prisión de condenados por delitos políticos. Iniciaron la rebelión los ocho reclusos que todavía quedaban en el penal, y tuvieron que abatir al retén de veinte guardias... Afortunadamente, estaban borrachos y se deshicieron de ellos. De todas formas, sus siete compañeros habían muerto. Sólo quedaba él con vida. Había tenido que construirse la balsa con los pocos despojos que encontraba en la guarnición... coser las pieles para hacer la vela era lo que más le había costado. Y ahora estaba en medio del mar, sumido en sus pensamientos. De pronto, una de las cuadernas se quebró, y la balsa comenzó a inundarse. -¡Tengo que arreglarlo en seguida!- dijo... Y cogió una nueva tibia para sustituir a la que se había roto.
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Churrete