Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Las cascadas, la fuente de tus besos,
para cuando dejé de enrevesar la vida,
de vivirla,
aparecieron mudos el arrepentimiento
y el perdón,
como un perfume domado por la mente.
Y todo fue fragancia solitaria,
como el viento,
despojado de mis endiosamientos,
asumí mi ridículo.
Como si la razón se la llevaran todos,
me volví diminuto en tu recuerdo,
nunca ha sido especial mi inteligencia,
no mientras se desdobla.
Y las modas y el interés ajeno
fueron más poderosos que el dinero.
La crisis pronunciaba su discurso,
y joder créanme...
No tenía esperanzas ni nada que decir.
para cuando dejé de enrevesar la vida,
de vivirla,
aparecieron mudos el arrepentimiento
y el perdón,
como un perfume domado por la mente.
Y todo fue fragancia solitaria,
como el viento,
despojado de mis endiosamientos,
asumí mi ridículo.
Como si la razón se la llevaran todos,
me volví diminuto en tu recuerdo,
nunca ha sido especial mi inteligencia,
no mientras se desdobla.
Y las modas y el interés ajeno
fueron más poderosos que el dinero.
La crisis pronunciaba su discurso,
y joder créanme...
No tenía esperanzas ni nada que decir.