Abrieron el paso a la escuálida gota,
las hierbas del prado
de ánimas rotas.
La gota sufría un macabro descenso
desde el suave hielo
hasta la balsa hedionda.
Llorada, escupida, caía dudosa
del nuevo lecho,
de su tumba pronta.
Mojó un poco más la tortura
al golpear con furia
la osamenta.
Hizo una muesca en el cráneo,
resbaló por un costado
y ahogó la hierba fresca.
Los ojos que arriba engendraban la pena
no hicieron después más que gotas gruesas.
las hierbas del prado
de ánimas rotas.
La gota sufría un macabro descenso
desde el suave hielo
hasta la balsa hedionda.
Llorada, escupida, caía dudosa
del nuevo lecho,
de su tumba pronta.
Mojó un poco más la tortura
al golpear con furia
la osamenta.
Hizo una muesca en el cráneo,
resbaló por un costado
y ahogó la hierba fresca.
Los ojos que arriba engendraban la pena
no hicieron después más que gotas gruesas.