Sin entrar en cuestiones de causticidad (pues desconozco currículos varios y, realmente, no creo que puedan trocar lo blanco en negro) y por alusiones, diremos por aclarar dos o tres cosas que en realidad son cuatro:
PRIMERO. Que no se minimizan las reglas, sino que se tienen en su justa medida. Decir que "la mayoría de los 'versolibristas' desdeñan la forma porque no pueden ejercerla" sí es desdeñar el verso libre, como lugar destinado al
menos apto para el verso. Posiblemente por eso Lorca los eligió, por ejemplo, para "Poeta en Nueva York": ya sabemos que Lorca no llegaba a los mínimos necesarios para ser considerado un poeta; posiblemente por eso los eligió Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, para su "Diario de un poeta recién casado": todos sabemos que se equivocaron al darle en Nobel.
SEGUNDO. Decir que "cualquier poema libre puede ser 'rebanado' de otra forma cambiando la disposición de sus versos y en nada cambiaría su estética general" es otro desdén hacia una forma expresiva tan lícita como cualquier otra. En el punto cuarto veremos que esta afirmación se debe al desconocimiento
TERCERO. Diciendo que mis sonetos no son sonetos, obviamente, no ofendes. Pero yerras al argumentar. Algo tan subjetivo como el "saltar al oído" no puede ser tenido como argumento por nadie. De nuevo remitimos al punto cuarto.
CUARTO.
BREVE EXPLICACIÓN DE LOS RUDIMENTOS DE LA LÍRICA
Creo que aquí tenemos el problema: en no entender qué es, realmente, el género lírico dentro de la literatura, esto es, la Poesía. Para que un texto sea considerado lírico no precisa de métrica ni rima: la categorización se da por el
tema del texto. En este caso, lírico es aquel texto en el que se expresan sentimientos y emociones, en contraposición con lo épico y lo dramático (narrativa y teatro).
Aún así, una narración de sentimientos sería prosa poética. Para hablar de
verso tiene que haber algo más: la prosodia, el ritmo. Justamente esa es la base de la métrica: la ayuda en la búsqueda de la prosodia.
Los antiguos -griegos y latinos- aplicaban reglas prosódicas basadas en pies (sucesiones de sílabas de duración largas y breves). En la actualidad, nuestra métrica castellana utiliza el número de sílabas. No son las únicas opciones: la metrica hebrea utilizaba el paralelismo y, así, es, desde el punto de vista formal, un auténtico poema el inicio del Evangelio de San Juan (aunque escrito en griego
koiné, de mentalidad semítica), cuando dice aquello de que
En arjé en o logos
kai o logos en pros ton Theon
kai o Theos en o logos (1)
puesto que utiliza un paralelismo estructural junto con la repetición conceptual de fin y comienzo de verso.
La rima no afecta en nada a la consideración de un texto como dentro del género lírico, que es de lo que se trata aquí. Es, sencillamente, uno más de los recursos del escritor. Conocido desde antiguo, no tendrá la importancia que se le ha dado últimamente hasta la Edad Media y comenzará a perderla en el siglo XIX.
¿Es cualquier texto con una métrica y una rima determinadas un poema? Pues no. Aunque no coincido con la apreciación de Galliano sobre el hecho de que mis discursos compartidos aquí no sean realmente sonetos (pues lo son: el soneto es una estructura formal, y la cumplen dentro de sus variedades), no son poemas -cosa que tampoco debe extrañar al avisado: no en vano, huye del poeta el que no es más que juntapalabras. ¿Por qué? Pues porque no tienen esa vocación lírica, sino expositiva.
¿Y qué pasa con el verso libre?
Primero, vamos a explicar qué es eso del verso libre, porque parece que se confunden dos cosas distintas.
Por un lado, encontramos aquel verso con métrica que carece de rima: eso, y no otra cosa, es el verso libre puramente dicho. Por el otro, tenemos el verso que carece de rima y de métrica: el versículo. Aquí hemos identificado el versículo con el verso libre lo que, en realidad, se hace con tanta frecuencia que ya no llama la atención. Pero, al menos, tiene sentido la puntualización.
¿Cualquier texto sin métrica ni rima se convierte en poema compuesto de versículos? Obviamente, no. Seguimos teniendo el problema del tema. ¿Y si en el texto se expresan sentimientos y emociones? Entonces... no, si somos puristas.
Así que diremos, para los puristas, que debe cumplirse otro requisito: de nuevo, la prosodia.
Alejado de la métrica, el dar ritmo a un poema hecho de versículos implica un dominio del lenguaje que no necesariamente debe darse cuando el esquema prosódico se nos ofrece de antemano. La libertad absoluta es, como casi siempre, un problema.
Autores como Vicente Aleixandre (cachis, otro de los del versículo, que no llegan a poetas de primera línea, rimantes y medidores, y también tiene el Nobel...) son un catálogo incesante de recursos puestos al servicio de la prosodia. Tomemos un ejemplo de "En la plaza":
Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
El lector discreto advertirá que, de variar el orden de los versos, se pierde el ritmo del texto, se desvirtúa el poema y, obviamente, desaparece su estética general.
Esa, justamente, y no otra, es la grandeza del verso libre (entendido en amplitud) (2).
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(1) Una pena, no saber poner los caracteres griegos en este medio. Es aquello de que
"En el principio era el Verbo (fatal doble traducción -latín - castellano- para el griego "logos", pero bueno) y el Verbo estaba frente a Dios y el Verbo era Dios".
(2) Por eso, entre otras causas, más de una vez he dicho que yo no hago versos, sino ripios.