Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Limpio, sin mancha, acaba de nacer
cruel belleza que, siendo tanta, muere
tan pronto como el día lo requiere
al sentir su inminente atardecer.
Mas, poco tarda el vil anochecer
que, en su color, con ímpetu interfiere
y en la penumbra el negro raudo adquiere
a la espera de un nuevo amanecer.
cruel belleza que, siendo tanta, muere
tan pronto como el día lo requiere
al sentir su inminente atardecer.
Mas, poco tarda el vil anochecer
que, en su color, con ímpetu interfiere
y en la penumbra el negro raudo adquiere
a la espera de un nuevo amanecer.
Es el fin primordial de la gran obra.
Son, día, tarde y noche la cadencia
y cada cual, su cuota va tomando
El tiempo cuenta cuando no nos sobra,
nuestra razón de ser, nuestra existencia
que silente, sin piedad, se va acabando.
Son, día, tarde y noche la cadencia
y cada cual, su cuota va tomando
El tiempo cuenta cuando no nos sobra,
nuestra razón de ser, nuestra existencia
que silente, sin piedad, se va acabando.