romaguce
Poeta recién llegado
La fortaleza y su gran ventana que da a la mar,
Ventana que en otro tiempo no tenía prisioneros
Por donde se filtraba cristalina lluvia,
Luz de estrellas, murmullos de mar;
Por ella llegaba el canto de gaviotas
Acompañadas por el eco bronceado de las olas
Y la brisa salada que endulzaba cantos y vida;
Sus contornos eran un poema de invierno e inexpugnable,
En lo alto de su eterna torre, aun se observa un mundo de reto indiferente;
Aquella ventana, guarda en sus sótanos, un tesoro preciado y oculto,
Una infancia precoz, una vergonzosa adolescencia, un primer beso un primer adiós;
Aquella ventana en que crecí, hoy, me mira y mueve sus telarañas, tratando
De esconder sus vidrios rotos;
Aquella ventana, ahora vive su otoño perpetuo y atrapa mi mirar, tras sus barrotes enmohecidos que curan con el céfiro de la mañana, la anemia del tiempo;
Una fortaleza,
Una gran venta que da a la mar;
Un prisionero que espera, el caer del alba;
Una marea que no baja, el bote que no zarpa;
... Una huida interminable.
Ventana que en otro tiempo no tenía prisioneros
Por donde se filtraba cristalina lluvia,
Luz de estrellas, murmullos de mar;
Por ella llegaba el canto de gaviotas
Acompañadas por el eco bronceado de las olas
Y la brisa salada que endulzaba cantos y vida;
Sus contornos eran un poema de invierno e inexpugnable,
En lo alto de su eterna torre, aun se observa un mundo de reto indiferente;
Aquella ventana, guarda en sus sótanos, un tesoro preciado y oculto,
Una infancia precoz, una vergonzosa adolescencia, un primer beso un primer adiós;
Aquella ventana en que crecí, hoy, me mira y mueve sus telarañas, tratando
De esconder sus vidrios rotos;
Aquella ventana, ahora vive su otoño perpetuo y atrapa mi mirar, tras sus barrotes enmohecidos que curan con el céfiro de la mañana, la anemia del tiempo;
Una fortaleza,
Una gran venta que da a la mar;
Un prisionero que espera, el caer del alba;
Una marea que no baja, el bote que no zarpa;
... Una huida interminable.