Me enseñaste a creer y alcanzar
las metas trazadas, me tomaste de
la mano cruzaste junto a mí en esta
fragilidad que agobiaba mi alma.
Me enseñaste a levantarme después
de un tropiezo, dijiste que uno se
podía equivocar que estábamos
llenos de defectos que mi mayor
virtud era mi amor que te adoraba.
Me enseñaste a vivir en libertad
sin congojas sobre mis hombros,
ni pesares en mi corazón tan solo
eras tú que me hacia mirar al frente
sin miedo de buscar el siguiente sueño.
Me enseñaste a ser paciente, no llorar
aceptando los designios del destino,
a copiar tus costumbres mujer bonita
y bondadosa tu mi escudo frente a
los miedos que me ahogaban antes
de conocerte mi bella diosa seductora.
::