Esler Jardiel Sobalvarro.
Poeta recién llegado
El empalamiento pesa.
Es la lanza
atravesando el pecho,
el nudo
que rompe la verticalidad
del hombre.
Es un tumulto
que despierta la conciencia
cuando descubres
que el peor extravío
es quedar huérfano
de ideales.
Pesa el ruido del mundo.
Agota
la voz de la gente,
el consejo vacío,
la palabra
que nunca habitó
tu herida.
¿Cómo soltarse
de esa atadura clandestina
que estriñe el pecho
hasta robarle
el aliento
al alma?
Entonces comprendes
que el dolor
no siempre es castigo.
A veces
es el precio
de seguir caminando.
La vida,
agridulce,
te abraza
con espadas.
Y, aun así,
te yergues.
No porque seas invencible,
sino porque descubres
que nadie puede sostenerte
mejor
que tú mismo.
La cura
no viene de afuera.
Habita
el aquí.
El ahora.
Entonces,
el silencio
desciende
hasta las entrañas.
No como vacío.
Sino como equilibrio.
Allí,
donde el ruido
pierde gravedad,
el alma
encuentra,
por fin,
su lugar seguro.
Ausente
de caos.
Es la lanza
atravesando el pecho,
el nudo
que rompe la verticalidad
del hombre.
Es un tumulto
que despierta la conciencia
cuando descubres
que el peor extravío
es quedar huérfano
de ideales.
Pesa el ruido del mundo.
Agota
la voz de la gente,
el consejo vacío,
la palabra
que nunca habitó
tu herida.
¿Cómo soltarse
de esa atadura clandestina
que estriñe el pecho
hasta robarle
el aliento
al alma?
Entonces comprendes
que el dolor
no siempre es castigo.
A veces
es el precio
de seguir caminando.
La vida,
agridulce,
te abraza
con espadas.
Y, aun así,
te yergues.
No porque seas invencible,
sino porque descubres
que nadie puede sostenerte
mejor
que tú mismo.
La cura
no viene de afuera.
Habita
el aquí.
El ahora.
Entonces,
el silencio
desciende
hasta las entrañas.
No como vacío.
Sino como equilibrio.
Allí,
donde el ruido
pierde gravedad,
el alma
encuentra,
por fin,
su lugar seguro.
Ausente
de caos.